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Full text of "La horda : novela en acción inspirada en la del mismo título de Vicente Blasco Ibáñez, en prosa y un acto, dividido en cuatro cuadros"

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5635 
DIONISIO    LAGUÍA 


LA  HORDA 

SfOVBLA  EN  ACCIÓN 
Inspirada  en  la  del  mismo  título  de 

DON  VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 

en  prosa  y  un  acto,  dividido  cu  cuatro  cuadros 


MÚSICA  DEL  MAESTRO 


RAFAEL  CALLEJA 


4MM 


Copyright,  by  Dionisio  Laguía,  1913 

SOCIEDAD  DE  AUTOKES  ESPAÑOLES 
Núftez  de  Balboa,  12 


1913 


i 


Digitized  by  the  Internet  Archive 
in  2013 


http://archive.org/details/lahordanovelaena2838call 


IyA    HORDA 


Esta  obra  es  propiedad  de  su  autor,  y  nadie  po- 
drá, sin  su  permiso,  reimprimirla  ni  representarla  en 
España  ni  en  los  países  con  los  cuales  se  hayan  cele- 
brado, ó  se  celebren  en  adelante,  tratados  internacio- 
nales de  propiedad  literaria. 

El  autor  se  reserva  el  derecho  de  traducción. 

Los  comisionados  y  representantes  de  la  Sociedad  de 
Autores  Españoles  son  los  encargados  exclusivamente 
de  conceder  ó  negar  el  permiso  de  representación  y 
del  cobro  de  los  derechos  de  propiedad. 


Droits  de  représentation,  de  traduction  et  de  repro- 
duction  reserves  pour  tous  les  pays,  y  compris  la  Sué- 
de,  la  Norvége  et  la  Hollande. 

Queda  hecho  el  depósito  que  marca  la  ley. 


LA  HORDA 

NOVELA  EN  ACCIÓN 

INSPIRADA  EN  LA  DEL  MISMO  TÍTULO  DE 

DON  VICENTE  BLASCO  IBAÑEZ 

en  prosa  y  un  acto,  dividido  en  cuatro  cuadros 


POE 


1DIONISIO    IiAGUI 

música  del  maestro 


\ 


RAFAEL   CALLEJA; /^W 


estrenada  en  el  TEATRO  DE  NOVEDADES  de  Madrid,  la 
noche  del  14  de  Febrero  de  1913 


•#- 


MADRID 

'*t  ▼BLASCO,  IKP.,  MARQUÉS  OK  SANTA  ANA,  11  DÜP.° 
Jsiéfono  número  561 

1913 


«$  mi  madre. 


AGRADECEMOS: 

A  todos  los  intérpretes  de  la  obra,  Su  me- 
ritisima  labor,  que  realzó  lo  por  nosotros 
pensado;  á  Antoñito  García  Ibáñez,  su  inte- 
ligentísima dirección;  á  la  Empresa,  su  in- 
condicional apoyo;  á  los  escenógrafos  Gayo 
y  Ripoll,  su  decorado;  á  la  notable  profesora 
Amalia  Monroc,  sus  aplaudidos  bailes;  á  Ca- 
yito  Vela,  con  un  abrazo  muy  fuerte,  exten- 
sivo á  sus  profesores  de  orquesta  y  á  los  in- 
térpretes de  la  película,  perdonando  aquel  día 
de  campo,  con  tantas  molestias.  Un  abrazo 
muy  fuerte  para  todos. 

Qaííeja.  —  Laguía. 


advertí  M05: 

Que  los  gitanos  que  figuran  en  el  cuadro 
mímico  y  «zambra»  son  de  época,  muy  vis- 
tosos, de  pandereta.  Dejamos  este  detalle  y 
los  demás  de  la  obra,  al  criterio  de  los  seño- 
res Directores,  y...  agradecidos. 

Sos  yíutores. 


REPARTO 


PERSONAJES 


ACTORES 


FELICIANA Seta.  Farinós. 

MARIPOSA Sea.    Senea. 

TEODORA Seta.  Alvabez. 

BORRACHA Sea.    Alcázar. 

ANTONIA Seta.  Opellón. 

ISIDRO  MALTRANA Se.       Romebo. 

ZARRATÜSTRA Codoeniú. 

MANOLO  EL  FEDERAL. .  „ Lloeens. 

HERMANO  VICENTE Mata. 

NOGUERAS Mata. 

COLETA Gómez. 

EL  BOBO Alabes. 

EL  MOSCO Gallo. 

UN  CAMARERO , Salas. 

UNO Toha. 

OTRO Sal  a  s. 

Traperas,  traperos,  máscaras  y  coro  general 


ESCENA    MÍMICA 


REPARTO 

LA  MADRE  DE  LA  NOVIA.  Srta.  Otero. 

LA  NOVIA Alvarez. 

EL  PADRE  DE  LA  NOVIA.  Sr.      García.  Ibáñez. 
EL  JEFE  DE  LA  TRIBU....  CodorniÚ. 

EL  NOVIO Romero. 

CAÑÍ  1.° Gómez. 

ÍDEM  2.° Mata. 


669313 


GITANO  1." Sr.      Gallo. 

ÍDEM  2.o ■.:. Alares. 

ÍDEM  3  o Srta.  Quirós. 

ÍDEM  4.°  Sr.      Salas. 

ÍDEM  5.°..,.... Yega. 

ÍDEM  6o v.  Toha. 

GITANA  1.a. Srta.  Alba. 

ÍDEM  2.s Ceilles. 

ÍDEM  3.a , Opellón. 

ÍDEM  4.a Povedano. 

ÍDEM  5.a Lola. 

ÍDEM  6.a , .   Angeltta. 


Lia  acción  en  Madrid. —Época  actual 


Derecha  e  izquierda,  las  del  actor 


¿MJMM: 


ACTO  ÚNICO 


CUADRO  PRIMERO 

Barrio  trapero  situado  en  el  de  Bellasvistas.  En  primer  término  iz- 
quierda una  miserable  casuea  habitada  por  traperos.  En  primero 
derecha  un  banco  rústico  y  en  tercero,  al  centro  de  la  escena, 
otro.  Decoración  á  todo  foro.  Es  domingo  de  Carnaval  á  media 
tarde.  Mucha  luz  en  escena. 


ESCENA  PRIMERA 

MARIPOSA,  ZARRATUSTRA  y  el  BOBO,  sentados  en  el  suelo  á  la 
puerta  de  la  casuea  del  primero  izquierda,  remendando  una  vieja 
alfombra.  COLETA  subido  en  el  banco  del  tercer  término  centro  y 
rodeado  á  regular  distancia  del  CORO  general,  que  representa  los 
traperos  del  barrio  (vestidos  pobremente,  pero  sin  andrajos).  Ocul- 
tan aquellos,  hortalizas  variadas,  que  durante  el  número  musical 
arrojan  al  Coleta,  bromeando  al  principio,  enfadándole  después  y 
siempre  con  gran  algazara  y  bullicio,  motivada  por  la  popularidad 
curdesca  del  trapero.  La  BORRACHA,  digna  consorte  del  Coleta,  al 
principio  derecha,  luego  durmiendo  en  el  banco  de  la  primera  de- 
recha 

Música 

Coro  Coleta,  borracho, 

perdido,  truhán, 
que  bebes  el  vino 
y  no  comes  pan. 


—   12  — 

Eres  un  cogorza 
que  el  día  te  estás 
durmiendo  la  mona; 
granuja,  holgazán. 
Col.  Sois  unos  bocazas 

que  habláis  por  hablar, 
porque  mis  cogorzas 
envidias  sus  dan. 

CORO  (Bailando  a  su  alrededor.) 

Qué  risa,  Coleta, 
qué  risa  nos  das; 
miá  qu'eres  gracioso, 
¡Ja!...  ¡ja!.,,  ¡ja!...  ¡ja!...  ¡ja!. 
Que  baile  Coleta, 
borracho,  holgazán; 
que  baile,  que  baile, 
que  vuelva  á  bailar. 

(Tirándole  hortalizas.) 

¡Ahí  va!...  ¡ahí  va!... 
i        ¡ahí  va!...  ¡ahí  va!... 


Recitado 

COL.  (Como  general  que  arenga  á  sus  vasallos.)   ¡Bien   es- 

tán esas  palabras!...  Bien  está  que  me  pocla- 
meis  el  trapero  más  acreditao  por  sus  cogor- 
zas en  Cuatro  Caminos  y  Bellasvistas,  pero 
no  sus  dejéis  de  llevar  por  el  entusiasmo,  y, 
sobre  tó,  que  no  envuelvan  vuestras  pala- 
bras tronchos  de  repollo,  tomates  en  estado 
putrefazto,  ú  algún  otro  de  los  enseres  de  la 
vida  doméstica,  que  á  más  de  manchar  la 
ropa,  lastiman  la  dermis  y  la  epidermis... 
He  dicho... 

UNO  (A  tiempo  que  le  tira  algo.)  ¿Y  qué  es  e.SO    de    la 

dermis,  Coleta?...  (Todos  ríen.) 

Col.  (Menos  orador.)  Eso  quié  decir,  que  como  me 

infléis  la  pacencia  y  me  olvide  de  que  soy  un 
héroe  popular,  bajo  del  pedestal...  (ün  certero 

golpe    del    Otro  le  derriba.)  bajo  del  pedestal,  pa 

insultar  al  ser  de  vuestras  familias  que  más 

en  aprecio  tengáis...  (Todos  se  indignan  con  el 
Coleta  y  tirándole  hortalizas  y  él  persiguiéndolos  enfa- 
dado, hacen  mutis  por  distintos  lados  del  foro  mien- 
tras cantan.) 


-    18 


Cantado 


Coro  Coleta,  borracho, 

perdido,  truhán, 
cogorza,  guripa, 
granuja,  holgazán. 

(Coleta  les  persigue  hasta  el  mutis  y  luego  vuelve  ja- 
deante á  donde  están  Mariposa  y  Zarratustra.) 

Hablado 

Mar  .    ;        Al  pobre  Coleta  le  van  un  día  á  volver  loco. 

Zar.  Es  demasiado  bueno,  y  en  este  mundo  al 

que  se  hace  de  miel,  las  moscas  se  lo  comen. 

Mar.  No  les  hagas  caso. 

Col.  Eso  estaría  bueno  cuando  el  pueblo  se  con- 

tentase con  hablar. 

Zar.  Y  ¿qué  es  lo  que  ha  hecho  y  hace  el  pueblo- 

siempre?...  ¡hablar!...  ¡por  eso  estamos  así!... 

Col.  Pero  yo  no  tengo  la  culpa,  tío  Zarratustra. 

Bor.  No  te  emborraches,  ¡cogorza!... 

Col.  Este  es  el  desenrollo  de  un  criterio  popular. 

Bor.  ¡Curda!... 

Col.  ¡Calla,  atrofia!...  (a  zarratustra.)  Aquí  tié  usté 

explicao  el  proselitismo  de  la  mujer.  Esta, 
que  vamos  al  decir,  está  ahora  de  tanda  pa 
hacer  el  completo  de  la  fusión  animal  con 
mi  persona,  es  una  media  naranja  que  m'ha 
salió  agria;  le  hinco  el  diente  y  no  saco  más 
que  dolor  de  tripas. 

Zar.  (Riendo.)  ¡Échale  azúcar! 

Col.  Lo  que  hago  es  echarla  en  vino  y  así  con 

mucho  trabajo  la  puedo  pasar. 

Bor.  ¡Borracho!... 

Col.  Yo  tengo  azmiradores  de  posibles  y  siempre 

hay  un  medio  chico  pagao  pa  el  Coleta;  ésta 
que  no  es  un  ser  popular  se  tié  que  confor- 
mar con  las  cortinillas  y  gracias... 

Bor.  ¡Curda!...  ¡Cogorza!... 

Col.  (ai  Bobo.)  ló  envidia;  ¿verdá,  Bobo? 

Bobo  (como  idiota  que  es.)  ¡Je!...  ¡je!...  ¡Bueno!... 

Col.  (á  zarratustra.)  Otro  celebro  con  atrofia. 


—  14  — 
ESCENA  II 

DICHOS    y    MALTRANA 

Mal.  (Por  la  primera  derecha.)  ¡Salud  á  los   industria- 

les de  la  busca! 
Mar.  (Levantándose  muy  contenta.)  ¡Isidrín!...  ¡Nieto  de 

mi  alma!... 

Mal.  ¡Abuela! 

Mar.  Te  daría  un  abrazo,  pero  temo  mancharte. 

Mal.  (Abrazándola.)  ¡Apriete,  abuela! 

Zar.  ¡Hola,  Isidrico!...  Perdona  que  no  me  levan- 

te, pero  es  que  estas  piernas... 

Mal.  Malo  es  eso  para  gozar  de  la  luna  de  miel... 

Mar,  ¡Como  te  burlas!... 

Mal.  Bien  poco  tiempo  hace  que  se  casaron  us- 

tedes. 

Mar.  Ya  hace  tres  meses.  Le  hice  cara  cuando  me 

habló,  en  vista  de  que  era  formal  y  no  venía 
pa  perder  el  tiempo. 

Zar  .  Con  eso  cumplí  la  voluntad  de  mis  cinco 

difuntas  que  me  dijeron:  «Que  no  dejes  de 
casarte.» 

Mal.  ¿Y  qué  me  dice  usted,  abuela,  de  su  famo- 

so tesoro? 

Mar.  (Fingiendo  asombro.)  ¿También  eres  tú  de  los 

que  creen  en  esas  tonterías? 

Zar  .  Como  cree  tó  el  mundo. 

Mar.  ¡Pobre  de  mí!...  ¡Chismes  del  barrio! 

Col.  Con  el  tesoro  que  tié  la  tía  Mariposa  se  pue 

comprar  tó  el  Madrí. 

Zar.  ¡Calla,  borracho!...  ¡hablador!... 

Mal.  ¿Qué  hay,  Coleta? 

Ool.  Domingo  Rivero,  alias  Coleta,  servidor  de 

usted. 

Mal.  Qué,  ¿se  saca  para  comer?... 

Col.  Yo  apenas  como;  por  eso  no   cojo  esas  co- 

gorzas del  populacho.  A  mí  déme  usté  vino 
sea  blanco  ó  negro,  y  mlia  dao  usté  alegría, 
salú  y  displomacia. 

Mar.  ¿Tienes  apetito,  Sidrín?  ¿Te  hago  merienda? 

Mal.  Voy  á  merendar  con  el  Mosco. 

Mar.  A  comer  cachuelas,  ¿eh? 

Mal.  Hoy  vas  de  gala,  Zarratustra, 


—  16  — 

■Zar.  El  amor  de  la  mujer  vive  mientras  dura  la 

ilusión,  y  pa  que  no  se  venga  á  tierra  tié  el 
hombre  que  conservarla,  y  eso  es  lo  que 
yo  hago;  así  tu  abuela  se  fija  en  mí  y  mien- 
tras tanto  no  se  fija  en  otro. 

Mal.  ¿No  ibas  antes  á  la  busca  vestido  de  pere- 

grino? 

Zar  .  Sí,  pero  tuve  que  quitarme  el  traje  porque 

me  seguían  los  chicos  y  me  renegaban  los 
guindillas.  ¿Y  por  qué,  señores  míos?  Pere- 
grinos somos  tóos  durante  nuestra  vida.  Pe- 
regrino es  el  Rey,  que  necesita  para  vivir 
de  lo  que  el  pueblo  le  da;  peregrino  es  el 
rico,  que  vive  de  lo  que  el  pobre  trabaja,  y 
peregrinos  los  medianos  que  viven  de  lo  que 
sobra  á  los  ricos,  y  no  digo  los  de  abajo 
porque  es  feo...  No  hay  criatura  de  Dios  que 
esté  abajo;  abajo  sólo  están  los  animales... 

Mal,  ¡Bien  hablado,  Zarratustra!  ¡Qué  gran  filóso- 

fo eres! 

Zar.  ¿Qué  es  el pogreso?  Dende  que  tengo  razoci- 

nio  he  visto  al  señor  de  Bravo  Murillo  traer 
las  aguas  á  Madrid  y  saltar  el  Lozoya 
por  primera  vez  en  la  antigua  taza  de  la 
Puerta  del  Sol;  el  fielato  de  Cuatro  Caminos 
lo  he  conoció  en  la  Glorieta  de  Bilbao;  donde 
tuve  yo  mi  primer  barraca  hay  ahora  un 
gran  café;  donde  ahora  tó  es  asfalto  y  luz 
elértrica,  he  visto  correr  los  conejos,  y  á  tó 
esto  la  villa  ensanchándose  poco  á  poco  y 
dándonos  con  el  pie  á  los  pobres  pa  que  nos 
fuésemos  más  lejos,  como  si  apestásemos. 
Si  á  esto  le  llaman  pogreso,  ¿por  qué  no  es 
iguala  tóos?...  El  hambre  y  la  miseria  no 
pogresan,  no. 

Bobo  ¡Je!...  ¡jé!... 

Zar.  (Á  isidro.)  Es  el  Bobo. 

Mar.  Vamos  á  merendar,  Sidrín,  ya  que  tú  no 

quiés  ná  de  probes.  ¡Tú,  Bobo!... 

Zar.  (Levantándose.)  ¡Estas  piernas!...  El  estómago 

y  la  cabeza  rigiendo,  pero  el  reuma...  ¿Quie- 
res merendar,  Isidrillo?...  (se  coge  ai  Bobo.) 

Mal.  Que  aproveche. 

(Mutis  Mariposa,  Zarratustra  y  Bobo   por  la    casa   iz- 
quierda.) 
C¡OL.  (Por   la  Borracha,  que    se    ha    dormido.)  Aquí    tié 


—  16  — 

usté  un  ser  con  atrofia,  ú  lo  que  es  lo  mis- 
mo, con  merluza  congestiona.  Esta,  mi  se- 
ñora, es  tó  lo  contrario  que  un  servidor. 
Come  mucho  y  bebe  poco,  y  por  esto  da 
este  cuadro  plástico  de  cogorza  indecente. 
¡Esto  denigriaf...  (Dándola  golpes.)  ¡Austreveiv 
ta!...  ¡Austreverta!...  ¡Borracha!... 

BoR.  (Hablando  al  levantarse  aún  dormida.)  Tres  puche- 

ros  de  cocí...  uno  de  revuelto...  mediu  saco 
de  mendrugos... 

Col.  (Dándola  una  patada  que  la  obliga  á  hacer  mutis   por 

la  derecha.)  ¡Arza p' alante! ... 
Mal.  ¿Soñaba?... 

Col.  ¡Delirios  de  grandeza!  (Mutis  derecha.) 


ESCENA  III 

MALTRANA  y  MANOLO  EL  FEDERAL  ,  por  la  derecha 

Man.  ¡Hola,  ciudadano!... 

Mal.  ¡Salud,  señor  Manolo!... 

Man  .  El  Federal,  así  me  llaman. 

Mal.  ¿Cómo  anda  el  cuarto  Estado? 

Man  .  Algo  roto.  Hay  tormenta  en  la  amósfera  me- 

tálica y  la  gente  tiene  pocas  ganas  de  papel. 

Mal.  ¿Y  la  oficina? 

Man.  Con  mi  oficio  de  repartidor  de  periódicos, 

siempre  abierta.  Cuando  quieras  que  consu- 
mamos un  turno,  ya  sabes  el  domecilio  de 
mis  ofecinas.  Puerta  del  Sol,  toa  la  acera 
de  la  botica  de  Borreli;  horas,  de  cinco  á 
Ocho  de  la  mañana,  aunque  lluevan  chuzos 
de  punta.  Hay  instalación  elértrica  y  de  gas 
y  calefación  en  verano. 

Mal.  ¿Y  los  asuntos  diplomáticos? 

Man.  Sin  adelantar  nada.  A  mí  me  se  perjudica 

con  no  sacar  los  periódicos  dos  horas  más 
tarde;  pues  he  querido  consumir  un  turno 
en  pro,  pero  como  uno  no  es  letrado,  le  oje- 
tan  el  argumento  y  le  fastidian. 

Mal.  Otra  cosa   sería  de  España  si  hubiera  nn> 

chos  federales  como  usted. 

Man  .  ¿Ves  tú  que  el  Comité  y  los  correligionarios 

tién  dispuesta  la  división   de  España  en 


-  17  — 

catorce  Estados?  Pues  yo  fraternizo  con 
todos. 

Mal.    '         Eso  está  bien,  señor  Manolo. 

Man.  Ayer,  estando  en  mi  ofecina,  se  acerca  un 

cliente  extranjero.  En  cuanto  supe  que  era 
de  Reus  le  dije:  el  Estado  catalán  ha  pac- 
tado con  el  de  Castilla,  y  nosotros  nos  to- 
mamos medio  chico,  como  buenos  ciudada- 
nos confederados. 

Mal.  ¿Y  nosotros?... 

Man.  Vamos  á  presentar  una  moción  en  la  tasca 

más  próxima;  pero  pido  la  palabra...  (Metien- 
do mano  al  bolsillo.) 

Mal.  (La  misma  acción.)  Estoy  yo  en  el  USO. 

MAN.  Consumiremos    dos    turnos.    (Mutis   ambos    de- 

recha.) 


ESCENA  IV 


El  MOSCO,  por  la  tercera  izquierda,  y  á  poco  FELICIANA 
en  traje  de  máscara 


MOSCO  (Á  gritos  mientras  mira  por    distintos    lados.)    ¡Feli- 

ciana!... ¡Feli!...  ¡Feli!... 
FEL.  (Dentro.)  ¡Va!...  (Aparece  corriendo.) 

Mosco  (Reprensión  cariñosa.)  Vamos,  mujer,  que  bue- 
no  está  lo  bueno;  bien  que  te  diviertas,  pero 
no  hay  que  echar  en  olvido  la  obligación. 

FEL.  (Disculpándose  con  una  caricia.)  ¿Qué    quiere    mi 

padre?  Está  usté  enfadao?...  ¿Y  conmigo?... 

Mosco  ¿Pero  tú  no  te  acuerdas  de  que  hoy  es  do- 
mingo? 

Fel.  Y  de  Carnaval,  sí  señor. 

Mosco  ¿Y  á  quién  tenemos  invitaos  á  comer  ca- 
chuelas? 

Fel.  A  Isidro,  el  nieto  de  la  tía  Mariposa,  y  á  tío 

Manolo. 

Mosco         ¡Pues  sí  que  te  acuerdas! 

Fel.  ¡Ya  lo  creo!...  Voy  á  guisarlas. 

Mosco  No  hace  falta.  Al  cazador  del  Pardo,  al  céle- 
bre Mosco  no  hay  que  enseñarle  cómo  se 
guisan  las  entrañas  de  conejo.  De  lo  que  se 
trata  es  de  que  des  una  vuelta  por  los  aire- 


-  18  — 

dedor'es  y  avises  á  los  interfectos  de  que  las 
cachuelas  esperan. 

FEL.  Está  bien,  padre.  (Mutis  Mosco  izquierda.) 

(Feliciana  hace  mutis  por  la  primera  derecha) 

Música 

(Con  el  número,  aparecen  por  el  foro  derecha  con  gran 
algarabía,  las  traperas   y  traperos    disfrazados,  capita- 
neados por  el  Coleta  y  llevando  entre  varios  un  pelele 
que  mantean.) 
CORO  (Dentro.) 

¡A  la  una!  ¡A  las  dos!  ¡A  las  tres! 

(Salen  á  escena  corriendo.) 

Tenemos  un  pelele- 
de  gran  postín, 
que  atiende  por  el  nombre 
de  don  Crispín; 
este  pobre  pelele 
va  mu  bien  vestío, 
lo  gasta  todo  en  ropa 
y  está  muerto  de  frío. 
Miren  este  pelele 
que  es  un  gran  señor 
y  tiene  la  barriga 
lo  mismo  que  un  tambor. 
] A  la  una!  ¡A  las  dos!  ¡A  las  tres! 

(Lo  tiran  al  alto  y  lo  recogen.  Los  demás,  mientras  los 
otros  mantean  al  pelele,  bailan  á  su  alrededor.) 

Tenemos  un  pelele 

de  gran  postín, 
con  pantalones  rotos 

y  un  calcetín. 

(Vuelven  á  mantearle  con  gran  algazara.) 

¡Arriba,  pelele! 

¡  Arriba  don  Crispín! 
Col.  Dejemos  al  pelele 

y  vamos  á  bailar 

el  Tuesten,  que  es  un  baile 

traído  del  Trasved. 

Bailadlo  con  decencia 

y  con  el  baile  este, 

si  alguno  se  encandila 

que  nunca  llegue  al  tueste... 
Todos  i  A  bailar!. .  ¡A  bailar!... 


—  19  — 

el  Tuesten  que  es  un  baile 
de  Taita  sociedá. 

(l)   (Bailan  seis  ú  ocho  parejas  y  el  resto  del  Coro,  se 
loca  en  el  foro  sentando  al  pelele  en  el  centro.) 


ESCENA  V 

FELICIANA  con  la  careta  puesta  dando  broma  á  MALTRANA  y  MA- 
NOLO EL  FEDERAL,  que,  como  ella,  salen  por   la  primera   derecha. 
Las  máscaras  de  escena  rodean  á  unos  y  á  otros  aturdiéndoles  con  sus 
gritos  y  bromeando 

Hablado 

Man.  ¡Haiga  orden!...  ¡Cómo  se  divierte  el  cuarto 

Estado!... 

Fel.  (a  Manolo.)  ¿Qué  haces  que  no  vas  á  comer  la 

merienda  en  cá  tu  hermano  el  Mosco? 

Man.  ¡Ciudadana!  Seas  guapa  ú  seas  fea,  en  lo  que 

has  dicho  demuestras  ser  consciente,  (a  isi- 
dro.) Ya  lo  oyes,  las  cachuelas  nos  esperan. 

Mal.  (Feliciana  está  á  un  lado  y  mientras  trata  de   desasirse 

del  grupo   de  máscaras   que  le   rodea.)  Vaya  Usted 

hacia  allá,  que  le  sigo  en  cuanto  me  dejen 
libre  estas  mascaritas. 

(Manolo  inicia  el  mutis  por  la  izquierda  y  las  máscaras, 
todas,  le  empujan  y  aturden.) 

Man.  (con  el  mutis.)  ¡Haiga  orden,  cuarto  Estado!... 

¡Orden!...    ¡Ciudadanos!   ¡Ciudadanos!  (Mutis 

Manolo  y  Coro  general.  Cesa  el  bullicio.  Maltrana 
quiere  hacer  mutis,  impidiéndolo  Feliciana  distintas 
veces  con  un  ademán.) 


ESCENA  VI 

FELICIANA    y    MALTRANA 

Mal.  (Dulcemente.)  ¡Déjame,  mascarita!  ..  ¿No  has 

dicho  que  nos  esperan?...  ¡Vamos,  Feli! 

FEL.  (Con  voz  fingida  sin  ser  de  máscara.)    ¿Yo,   Feli?... 

(l)  La  profesora  de  baile  doña  Amalia  Monroc,  puso  unas  figuras 
exagerando,  que  resultaron  muy  graciosas.  Terminaba  el  número  que- 
dando todos  los  bailadores  sentados. 


—  20  — 

Mal.  ¿Crees  que  no  te  conozco? 

Fel.  ¡Ja!  ¡ja!  ¡ja!...  ¿En  qué  me  conoces?... 

Mal.  En  tu  cuerpo  que  parece  una  palmera  con 

disfraz;  en  tus  manos  que  van  sin  guantes 
porque  son  las  más  finas  y  delicadas  del 
Barrio  de  las  Carolinas...  en  eso  te  conozco, 
Feli,  en  eso... 

Fel.  Feli  tiene  las  manos  más  feas  que  las  mías 

y  la  prueba  está  en  que  tú  has  visto  muchas 
veces  sus  manos  y  nunca  te  han  llamado  la 
atención 

Mal.  (cogiéndola  la  mano )  Vamos,  chiquilla,  no  di- 

gas tonterías...  ¿Habéis  bebido?... 

Fel.  Las  tonterías  que  yo  diga  no  son  por  haber 

bebido...  son...  ¡de  rabia!... 

Mal.  ¿De  rabia,  por  qué? 

Fel.  Porque  eres  un  sabio  según  dicen,  pero  pa- 

reces tonto  al  no  ver  ni  comprender  el  pen- 
samiento de  los  que  te  rodean. 

Mal.      ■       {Tonta!...  ¡Tontísima!...  ¡Feli!...  ¡Feli!... 

Fel.  ¡Y  dale!...  Ya  te  he  dicho  que  no  lo  soy... 

Si  lo  fuese  otras  cosas  te  diría,  ¡orgulloso! 
¡Pobre  Feli;...  Vosotros,  los  hombres,  con 
estar  dispuesto  el  mundo  de  este  modo,  su- 
frís menos;  cuando  sentís  el  querer,  podéis 
decirlo;  pero  nosotras  aunque  nos  arañe  el 
alma,  tenemos  que  callarnos  por  el  bien  pa- 
recer... 

Mal.  ¡Feli!...  ¡Por  Dios  santo,  Feli!... 

Fel.  ¿A  qué  repites  tanto  su  nombre?...  ¡Para  lo 

que  te  acuerdas  de  ella!...  ¿A  que  no  sabes  de 
■  qué  color  son  sus  ojos?  ¡Nunca  los  miraste; 
nunca  viste  en  ellos  nada!...  A  Feli  la,  pobre- 
tica,  se  le  ha  ido  metiendo  allá  adentro,  sin 
darse  cuenta,  el  gusanillo  del  amor,  hasta 
que  se  ha  clialao  por  ti,  pero  es  mujer  y 
calla,  corrompiéndosele  el  alma,  al  ver  que 
este  presumido  ó  no  lo  comprende  ó  es  un 
ladrón  fingiendo  que  no  se  entera. 

Ma.lI     .'       ¡Tú  eres  Feli!...  pero  para  que  no  lo  niegues 

más...  (Rápidamente  y  con  delicadeza,   le    arranca  el 
antifaz.  Breve  pausa.) 
FEL.  (Que  estaba  llorando,  intenta  sonreír.)    ¡Qué    tonte- 

...-.'  rías  he  dicho,  ¿verdad?... 

Mal.  ¡Feíi!...  ¡Feli  de  mi  alma!... 

Fel.  Todo  ha  sido  una  broma...  -> 


—  21  — 

Mal.  ¡No  digas  eso,  Feli!... 

Pel.    .  ¡Cómo  te  he  mareado!...  ¿verdad?... 

Mal,  ¡Sí,  pero  no  ha  sido  la  cabeza,  sino  el  alma, 

el  alma  que  empieza  á  vivir  Tina  vida  com- 
pletamente nueva.  (Mirándola. á  los  ojos  con  mu- 
cha expresión.)  Sí,  ahora  los  veo;  tenías  razón. 
Tus  ojos  son  muy  bonitos.  A  ratos,  negros, 
expresan  una  expresión  ardiente,  cual  car- 
bones próximos  á  convertirse  en  fuego; 
cuando  el  beso  de  la  luz  refleja  á  un  tiempo 
eu  el  cielo  y  en  ellos,  son  azules;  si  se  ríen, 
inundan  el  alma  con  torrentes  de  alegría;  si 
lloran. .  si  lloran  son  más  hermosos  que 
nunca.  ¿Tú  has  visto,  Feli,  3n  el  horizonte 
un  arco  de  siete  colores  en  tanto  que  llue- 
ve?... pues  á  eso  sólo  puede  compararse, 
Feli  de  mi  vida,  la  hermosura  de  tus  ojos 
cuando  lloran... 

Peí..  ¡Qué  cosas  más  bonitas  sabes  decir!... 

Mal.  Y  las  digo  porque  eres  tú  quien  me  las  ins- 

piras. Di  le  á  Feli,  que  Isidro  Maltrana  dejó 
de  ser  ciego  y  tonto  y  que  adora  á  su  Feli... 
¿se  lo  dirás?... 

JEel.  ¡Isidro!... 

Mal.  Dile  que  la  vida  á  su  lado  siempre  será  mi 

felicidad;  que  el  señorito  sabio  quisiera  ser- 
lo más,  para  conquistar  un  mundo  que  po- 
derle ofrecer...  ¡Que  soy  el  más  feliz  de  los 
hombres  con  su  cariño!...  ¡dile  á  Feli!...  ¿se 
Jo  dirás?... 


ESCENA  VII 

DTCHOS   y  MANOLO  por  la  segunda  izquierda 

Man.  Hago  uso  de  la  palabra  para  dirigir  un  rue- 

go. El  ciudadano  denominado  el  Mosco  está 
consumiendo  uu  turno  de  paciencia  y  el 
fuego,  en  calentar  las  cachuelas.  Creo  que 
sus  señorías  deben  suspender  el  debate  para 
otra  sesión... 

Mal.  El  ruego  es  atendido  en  el  acto. 

Man.  Gracias.  (Mutis.) 

Mal.  (a  Feliciana,  amantísimo.)  ¡Que  la  adoro  con  mi 

alma  entera,  dile!...  ¿se  lo  dirás?...  (Mutis  Mal- 


—  22  — 

trana,  izquierda.  Feliciana  llora.  A  lo  lejos  se  oye  el 
Coro  general  que  canta  la  canción  del  «Pelele».  Felicia- 
na después  llora  ruidosamente  y  dice  entre  sollozos:) 

Fel.  ¡Qué  vergüenza,  Señor!...   ¡qué  vergüenza!... 

(Sigue  la  canción  cada  vez  más  piano,  é  inicia  el  mutis 
por  la  izquierda.) 

Telón  lento 


CUADRO  SEGUNDO 

Casa  blanca.  En  la  derecha,  habitación-cocina;  el  fogón  junto  á  la 
lateral  del  segundo  término,  hacia  el  foro.  En  primer  término,  puer- 

,.;  ta  practicable  que  se  supone  conduce  á  la  escalera.  En  la  pared  del 
fondo  una  gran  ventana  de  cristales,  al  pie  de  la  cual  hay  una 
mesa  de  pino  que  sirve  de  mesa-escritorio,  encima  de  ella  una 
caja  de  medias  caprichosas  y  otra  caja  con  unas  botas  de  señora 
acabadas  de  comprar,  color  limón  muy  altas  y  de  botones.  En- 
vuelto en  un  papel,  un  gran  tintero  de  cristal  con  tapadera  dora- 

,  da.  Encima  del  fogón,  algunas  ropas  y  efectos  de  uso  para  vestir  y 
de  cocina;  arrimado  á  la  pared  en  el  sitio  que  menos  estorbe,  seis 
sillas  de  madera  aún  embaladas  y  una  cama  y  jergón  metálico  en 
la  misma  forma,  junto  á  todo  esto,  un  colchón  de  lana  y  dos  al- 
mohadas sin  funda.  En  si  tabique  centra]  que  divide  los  dos  de- 
partamentos (algo  más  grande  el  destinado  á  cocina)  hay  una 
puerta  practicable.  La  otra  habitación  solo  tiene  una  puerta  prac- 
ticable en  segundo  término  izquierda  y  su  fondo  lo  ocupa  un  ca- 
mastro bajo  igual  al  de  los  cuarteles  ocupado  por  un  jergón  de 
corteza  de  maiz;  una  manta  de  algodón  y  una  almohada  sin  fun- 
da. En  la  cabecera  se  ve  un  gran  crucifijo  y  varias  estampas  de 
santos;  de  un  clavo  cuelga  un  descomunal  rosario.  Adosado  á  la 
pared  ocupada  por  la  cabecera  qoe  es  la  divisoria  hay  un  viejo  y 
carcomido  armario-librería;  está  sostenido  por  una  sólida  y  gran 
mesa  de  nogal  antiquísima  donde  se  ve  un  altarcito  con  una 
imagen  y  candelebros  de  bronce  á  los  lados.  El  lugar  ocupado  por 

•  el  camastro  es  poco  vible  al  público,  pues  lo  cubre  en  casi  su  tota- 
lidad una  cortina  de  yute  que  cuelga  del  techo;  un  paraguas  pa- 
triarcal y  unas  prendas  de  vestir  colgadas  de  clavos  con  tres  sillas 

•  de  anea  y  un  sillón  de  cuero  completan  el  ajuar  de  está  habitación. 
En  la  cocina  están  muy  atareados  sin  hacer  grandes  adelantos  vi- 
sibles, Feliciana  é  Isidoro.  Este  subido  en  una  silla  clavetea  en  el 
tabique  colocando  los  cromos  de  sus  autores  favoritos.  En  la  otra 
habitación  el  Hermano  Vicente  se  dedica  á  las    prácticas    de    sus 

-oraciones    y  ejercicios  espirituales. 


—  23  -> 


ESCENA  PRIMERA 

FELICIANA  y  MALTRANA    en    el    departamento    de  la  derecha;  el 
HERMANO  VICENTE  en  la  izquierda  rezando,  luego  el  CAMARERO 

Música 

Fel.  ¡Isidro! 

Mal.  ¡Mi  Feli! 

Fel.  ¡Bien  mío! 

Mal.  ¡Te  adoro!  ¿Me  quieres? 

Fel.  ¡Cariño!...  ¡Mi  cielo! 

Mal.  ¡Tesoro! 

Fel  .  ¡Qué  feliz  así  la  vida 

á  tu  lado  pasaré! 
Mal.  Cuando  estoy  así  contigo, 

¡ay,  chiquilla  de  de  mi  vida, 

qué  ansias  tengo  de  querer!... 

de  llamarte...  ¡cielo  míol... 

de  quererte... 
Fel.  ¡Zalamero!  :: 

Herm.  ¡Santo  Dios!  ¡Santo  Fuerte! 

¡Dios  verdadero! 

¡Redentor  de  los  hombres! 

¡Manso  Cordero! 
Mal.  Ensueño  de  gloria 

va  á  ser  tu  cariño; 
-  •  aurora  esplendente, 

¿temores  de  lucha 

contigo?...  ¡jamás!... 

No  dudes,  mi  Feli, 

no  dudes  de  mí; 

la  gloria  que  ansio, 

será  para  ti. 
Herm.  ¡Santo!...  ¡Santo! 

¡Ten  piedad  de  mí!... 
Fel  .  ¡Qué  hermoso  es  oirte 

decir  esas  cosas 

que  sabes  tú  solo  decir!... 

No  temas  la  lucha 

conmigo  jamás.... 

No  dudo,  mi  Isidro, 

no  dudo  de  ti; 


—  24  — 

que  aliento  en  la  lucha 
tendrás  siempre  en  mí. 

Mal.  ¡Sí!...  Yo  de  ti  quiero 

tu  aliento  vivir; 
que  solo  suspires 
por  mí... 

Fel.  En  eso  que  dices 

no  hay  que  discutir, 
querer  y  suspiros 
por  tí... 

Mal.  ¿Por  mí? 

Fel.  ¡Por  tí! 

Mal.  ¿Por  mí? 

Fel.  ¡Por  tí! 

Mal.  j  ¿Por  mí? 

Fel.  (  ¡Por  tí! 

Los  dos     f         Suspiros  y  abrazos 
y  besos  y  amores 
por  tí,  sólo  para  tí, 
por  tí,  siempre  para  tí. 
Suspiros  y  abrazos 
y  besos  y  amores 
por  tí,  siempre  para  tí... 

Herm.  .  /  Kirieleysón,  kirieleysón, 
christeleisón,  kirieleysón, 
christeleisón,  kirieleysón. . 


Hablado 


(Al  terminar  la  música  Maltrana  se  pone  á  clavar  un 
clayo  y  á  poco  se  lastima  un  dedo.) 

Herm.  ¡Señor  omnipotente!  ¡Señor  misericordioso! 

¡Santo!...  ¡Santo!... 

Fel  .  ¿Te  has  lastimado,  Sidrín? 

Mal.  No  ha  sido  más  que  un  pellizco;  mi  torpeza 

al  manejar  el  martillo  y  un  demonio  de  cla- 
vo que  se  ha  torcido. 

Fel.  ¿Quieres  que  te  ponga  un  trapito? 

Mal.  No  tiene  importancia. 

Fel.  (Tomándole  el  dedo  y  con  mucho  cariño.)    ¿A   Ver? 

¡Pobresito  dedo  mío!...  ¡Pobresito!...  (lo  besa.) 
Mal.  Te  aseguro  que  ese  clavito  me  las  paga. 

Fel.  ¿Qué  vas  á  hacer? 

Mal.  ¡Machacarlo  de  un  martillazo!...  (se  sube  a  la 

silla  á  espaldas  mismo  del  armario-librería. ) 


-  25  — 

Herm.  ¡Señor,  ilumíname  con  tu  gracia!   (sigue  gol- 

peando la  frente  en  la  mesa.) 
Mal.  (Mostrando  á  Feliciana  un  cromo.)  Mira,  Feli:  este 

señor  tan  respetable  es  Víctor  Hugo;  casi  un 

Dios. 
JFel.  (candidamente.)  ¡Qué  cara  de  bueno  tiene! 

Mal.  Y  lo  es,  aunque  á  muchos  les  parezca  malo. 

lÍERM.  (Como    viendo    visiones    hablando    con     exaltación.) 

¡Malo!...  ¡Malo!...  ¡Aparta1...  ¡No  puedes  con 
un  siervo  de  Dios  fuerte! 

Fel.  (Que  se  acercó  á  escuchar  á  la  puerta,  dice  después  de 

breve  pausa  á  Maitrana.)  El  permano  Vicente 
dice  que  es  malo... 
Mal.  (Riendo.)  No  hagas  caso.  El  Hermano  Vicen- 

te es  un  bendito,  pero  está  chiflado...  Eso 
que  habla  es  refiriéndose  al  demonio,  que  á 
cada  momento  cree  que  le  agarra...  (coge  el 

martillo  y  se  vuelve  á  la  silla.) 

Herm.  ¡Señor,  merezco  por  mis  pecados   vuestro 

enojo!  ¡Haced!... 
Mal.  ¡Aquí  está!...  ¡Ah,  clavo  homicida!  (se  dispone 

á  pegar.)  v 

Herm.  ¡Haced,  Señor,  que  caiga  sobre  mi  pecadora 

cabeza!... 

(Maltrana  da  un  tremendo  martillazo  y  al  golpe  se 
desprende  un  grueso  volumen  de  la  librería  encuader- 
nado en  pergamino,  cayendo  encima  de  la  cabeza  del 
Hermano  Vicente  que  sigue  golpeándola  sobre  la 
mesa.) 

Mal.  ¡Así!...  (Baja  de  la  siiia.)  ¡Ya  estoy  vengado!.;. 

¡Bueno;  ya  está,  Feli  querida! 

Fel  .  Vamos  á  arreglar  nuestra  casita.  Mira,  aquí 

la  mesa  doude  tú  has  de  escribir...  colocada 
así.  (lo  hace.)  Tú  estarás  aquí  sentadito,  dale 
que  le  das  a  la  cabecita,  escribiendo...  Yo, 
como  mujer  de  mi  casa,  haciendo  la  comi- 
da; que  veo  si  hierve  el  puchero;  que  vengo 
de  puntillas  aquí,  que  te  doy  un  beso  ó  te 
tiro  de  esta  melena. 

Mal.  Si;  y  que  no  me  dejas  trabajar... 

FEL.  A  ver  mi  regalo.    (Desenvuelve  el  tintero.)    Qué 

precioso...  ¿verdad? 
Mal.  Digno  de  mi  pluma  inmortaL  ¿Pero  y  el 

mío?...  (Destapa  la  caja  de  las    medias    y  después  la 

de  las  botas.)  Seis  pares  de  medias  fantasía.  Y 
que  van  á  tener  un  relleno  poco  adorable;  y 


.— .  26  '  — 

luego  con  estas  botas  altas,  de  color,.,  (Esco- 
giendo un  par  de  medias.)   Mira,    ponte    estas  en 

seguida  y  las  botas...  anda... 
Fel  ¿Ahora? 

Mal.  ¿Y  cuándo  mejor? 

Fel .  Si  tú  lo  quieres. .. 

Mal.  Sí,  sí;  que  rabio  por  ver  cómo  te  están... 

Fel.  (Cogiendo  los  objetos.)  Pues  voy...  Así  como  asi, 

á  mí  me  parece  que  me  van  á  sentar  super. 

(Cruza  por  la  puerta  atravesando  la  habitación  del  Her- 
mano Vicente,  que  sigue    sus    oraciones.)  Con    per- 
miso, señor  Vicente...  ( Mutis.)  * 
Herm.  Usted  es  muy  dueña,  hermana... 

Mal.  (Entrando  en    el    departamento.)  ¿Terminó    ya   la 

oración,  Hermano  Vicente?... 

Herm.  Aun  no,  señor  de  Maltrana,  pero  tiempo 

tengo  luego,  pase. 

Mal.  Pero,  hombie,  ¿y  usted  para  qué  reza  tanto 

siendo  tan  bueno? 

Herm.  Soy  pecador,  señor  de  Maltrana,  y  además,, 

de  mis  propios  pecados,  tengo  el  santo  de- 
ber de  rezar  por  quienes  no  están  en  gracia 
de  Dios. 

Fel.  (Dentro.)  ¡Sidrín!... 

Mal.  (Dejando  al  Hermano    Vicente    con   la    palabra   en  la 

boca.)  ¡Voy!  (Mutis  por  la  izquierda.) 
HERM.  (Sin  hacer  caso  del  desaire  sigue  rezando.)  ¡Santo!... 

¡Santo!...  ¡Señor  Dios  de  los  Ejércitos,  llenos 

están  los  cielos .. 
Fel.  (Dentro  á  gritos.)  jAyl...  ¡Estáte  quieto!... 

Mal.  (Dentro.)  ¡Calla,  feísima! 

Fel.  (lo  mismo.)  ¡Ay!...  ¡Que  me  haces  cosquillas! 

Herm  i  Queriendo  no  oir.)  Están  llenos...  llenos  están... 

(Distraído.)  Están  haciéndose  cosquillas...  (ai 

darse  cuenta  del  disparate  mezclado  en  la  oración  se 
persigna    azorado    y    rectifica.)    ...llenos    están  los 

cielos  de  vuestra  gloria... 

Mal.  (saliendo.)  Te  están  que  ni  pintadas...  (ai  Her- 

mano Vicente.)  Usted  dispensará,  pero  se  esta- 
ba probando  Feli  unas  medias  y  al  ver  lo 
bien  que  le  están... 

Herm.  (Azorado.)   Están   ustedes   en    su    derecho... 

digo...  están  ustedes  en  su  casa... 

(Sale  Feliciana.) 
Fel.  (ai    Hermano    Vicente    con    inocencia.  Se  levanta  las 

faldas  algo  más  de  lo  regular.)  Mire  Usted,    Señor 


¡s*  27  — 

Vicente  qué  bonitas  son  las  medias  y  qué 
bien  me  están  las  botas... 

HERM  .  (Sin  querer  mirar  á  Feliciana.)  ¡Santo!...  ¡Señor!... 

¡Cómo  pruebas  á  tus  esclavos! 

Mal.  (Cogiendo  un  pie  de  Feliciana  y  poniéndolo  encima  de 

las  rodillas  del  Hermano  Vicente.)    Mire  Usted  que 

botas  imperiales...  veintidós  cincuenta... 
¡Qué  bien  le  están!  Sin  una  arruga... 

BerM.  (Sudando  la  gota  gorda    y    aparte.)    ¡Señor!...     ¡Se- 

ñor!... ¡Que  la  carne  es  flaca!  ¡Apiádate  de  tu 
humilde  siervo! 

(Llaman  en  la  escalera.  Campanilla.) 
FrL  (Retirando  el  pie    que    tanto  mortificaba   al  Hermano 

Vicente.)  Debe  ser  el  camarero,  (sale.) 
Mal.  (saliendo  detrás.)  Sí,  el  debe  ser. 

Fel  (Después  de  abrir.)  ¡Efectivamente! 

Cam.  Del  café  de  San  Millán,  ¿es  para  aquí? 

FEL.  (Como  una  amita  nueva.)  ¡Sí...  SÍ...  aquí  es! 

Cam.  (Pasando.)  Una  de  solomillo  con  patatas,  una 

de  merluza,  café,  postres  y  una  de  vino. 

(Coge  la  bandeja  Feliciana  colocándola  en  la  mesa.) 

Fel.  ¿Despacho  el  servicio? 

Cam.  No  hay  prisa,  ya  vendré  más  tarde  por  él. 

Mal.  ¿Cuánto  es? 

Cam.  Cuatro  cincuenta. 

Mal.  (Dándole  un  duro.)  Tome. 

Cam.  Sobran... 

Mal.  .  (interrumpiendo.)  Para  propina. 

Cam.  Muchas  gracias.  ¡Que  aproveche! 

FEL  .  AdiÓS.  (Mutis  Camarero.) 

Mal.  (Pasando  á  la  otra  babitación,  mientras  Feliciana  dis- 

pone la  mesa  con  un  entusiasmo  infantil.)  Hermano 

Vicente:  venga  usted  á  comer  con  nosotros. 

Herm  .         No  es  desprecio,  señor  Maltrana,  pero  sabe 

usted  de  sobra  que  estamos  en  cuaresma  y 

que  yo  ayuno  rigurosamente.  Que  les  apro: 

1     che;  que  yo  me  marcho  á  mis  trabajos  dé 

Conversión.  (Maltrana  y  Feliciana  se  sientan  á  la 
mesa  y  e¿  Hermano  Vicente  coge  su  paraguas,  su  bre- 
viario y  el  sombrero*  saliendo  á  la  cocina.) 

Fel.  Adiós. 

Mal.  (con  la  boca  llena.)  Adiós,  Hermano  Vicente. 

(Mutis  Hermano  Vicente.) 


r-  28  — 

ESCENA  II 

FELICIANA  y  M  \LTRANA 

Fel.  Que  bien  estamos  en  nuestra  casita. 

Mal.  Ya  era  hora  que  dejásemos  los  desmontes  y 

las  cuevas,  testigos  de  nuestros  amores. 

Fel.  Nunca  podíamos  estar  tranquilos;  y  ahora 

nadie  nos  molesta. 

Mal.  ¿Estás  satisfecha  con  las  comodidades  que 

te  rodean? 

Fel.  ¡Ya  lo  creo! 

Mal.  Pues  esto  no  es  nada  comparado  con  lo  que 

tendrás.  Anda,  bebe  vino.  Yo  quiero  ganar 
mucho  dinero  y  lo  ganaré.  Tengo  ahora  una 
personita  que  me   animará,  que  me  dará 

,  ,  fuerzas  para  luchar  y  venceré,  ¡qué  duda 

cabe!  Así  que  esto  de  ahora  es  una  miseria, 
es  un  puente  de  bienestar  muy  relativo 
en  espera  de  los  buenos  tiempos.  Tendrás 
una  casa  con  muebles  bonitos,  criada,  ama 
de  cría  cuando  la  necesites.. 

Fel.  (Enfadada.)  ¿Qué?  ¡Dar  mis  hijos  á  criar!  Tú 

estás  loco,  Isidro;  tú  desvarías. 

Mal.  Bueno,  los  criarás  tú,  no  te  enfades  por  eso. 

Me  dedicaré  á  la  política;  seré  diputado, 
luego  ministro  y  tú  serás  la  esposa  de  su 
excelencia. 

Fel.  ¡Yo   ministra!   (Transición.)   Pero   ahora  que 

pienso,  las  señoronas  principales  te  busca- 
rán y...  ¡no,  no!  ¡No  quiero  que  seas  minis- 
tro! ¿Lo  oyes  bien?  ¡No  quiero  que  seas  mi- 
nistro! ¡No  quiero!  (Tirándole  del  pelo  y  pateando 
como  una  niña  mimada.) 

Mal.  (Riendo.)  Bueno,   mujer,  btieno;  no  seré  mi- 

nistro. Hay  crisis.  Presento  la  dimisión  de 
mi  cartera. 

Fel  .  (Menos  enfadada.)  Estaría  bdeno,  que  me  roba- 

ran tu  cariñito... 

Mal.  Entonces,  escribiré  para  el  teatro...  Seré  un 

gran  dramaturgo ..  ganaré  mucho  dinero. 
En  los  estrenos  con  éxito  me  aclamarán: 
¡El  autor!  ¡el  autor!  Y  yo  saldré  á  recibir  la 
estruendosa  ovación  que  me  prodigue  el  pú- 


—  29  — 

blico  puesto  en  pie,  de  la  mano  de  los  artis- 
tas. 

Fel.  (Entusiasmada.)  ¡Eso!...  ¡eso!...  (Transición.)   PerOt 

oye:  ¿quién  te  dará  la  mano  para  salir  á  es- 
cena? 

Mal.  Los  artistas  que  tomaron  parte  en  la  obra. 

Fel.  ¿Hay  mujeres  también? 

Mal.  Naturalmente. 

Fel.  (como  antes.)  ¡Nol...   ¡no!...  ¡Dime  que  no  es- 

cribirás comedias!  ¡Dímelo!  ¡No  quiero!.*, 
¡no  quiero!... 

Mal.  (Riendo,)  Escribiré  donde  tú  quieras. 

Fel.  En  los  papeles;  eso  es...  En  los  papeles  no 

hay  tanto  peligro... 

Mal.  Bien,  mujer;  escribiré  en  los   papeles...  no 

te  apures...  (Llaman  á  la  puerta.) 

Fel.  (Algo  asustada.)  ¿Será  padre? 

Mal.  Quizá   venga   en   busca  del  Hermano  Vi- 

cente; ¿quién  sabe  que  nosotros  vivimos 
aquí  hace  dos  horas? 

Fel.  Tienes  razón. 

(Llaman  otra  vez.) 

Mal.  Voy  á  abrir. 


ESCENA  ÍII 

DICHOS  y  el  SEÑOR  MANOLO 
P^EL.  (Sorprendida.)  ¡TÍO  Manolo!... 

Mal.  (ídem.)  ¿Qué?... 

Man.  .(Pasando.)  No  hay   que   asustarse.  (Cerrándola 

puerta.) 

Fel.  ¿Pero?... 

Mal.  ¿Usted  por  aquí?...  ¿Cómo  ha  sabido?... 

Man.  Sois  atolondraos  como  ciudadanos  incons- 

cientes; pero  yo,  que  soy  amante  de  la  con- 
federación, OS  protejo...  (Se  sientan.) 

Mal.  Pero... 

Man  .  Estoy  en  el  uso  de  la  palabra  y  voy  á  consu- 

mir  Un    turno.  (Echa  vino   en    un  vaso.)    No  me 

extráñalo  que  habéis  hecho.  (Bebe.)  En  mi 
pograma  no  se  ve  mal  el  amor  libre;  pero 
sabiendo  que  yo  sus  soy  afecto,  habéis  he- 
cho una    chiquillada    con  no  contar    con 


—  30  — 

mi  apoyo  de  ciudadano  paciente...  Yo  sus 
vigilo  hace  ya  tiempo;  dende  aquel  día  de 
Carnaval  en  que  suspendí  el  debate  inicia- 
do en  vuestros  amores.  Sus  he  seguido  por 
las  tardes  cuando  la  Feli  salía  de  la  fábrica 
y  he  car culado  que  habíais  pasado  á  mayo- 
res... Lo  que  ha  sucedido  hoy,  ya  me  lo  tenía 
yo  tragado...  Mi  hermano  el  Mosco,  al  re- 
gresar esta  madruga  de  sus  correrías  por  El 
.  Pardo,  ha  encontrao  vacía  la  cama  de  su  hija 

y  no  ha  podio  besar  su  frente,  única  felicidá 
.  y  alegría  del  pobre  cazador...  Eso  tenía  que 
suceder;  pero  ¡moño!...  ¿por  qué  no  me  ha- 
béis presentao  una  moción?  Yo  por  la  vía  di- 
plomática hubiera  celebrao  un  intervieuve 
con  el  lesionado  moral  y  se  hubiera  arre- 
glao  tó... 

Fel.  (Llorando.)  ¡Pobre  padre  mío!... 

Mal.  Tiene  usted  razón;  pero  me  faltó  el  valor 

para  confesar  á  usted  nuestra  culpa... 

Mal.  ¿Quién  habla  de  culpa?...  Na  de  eso...  Ya  lo 

dijo  Faraón:  creced  y  multiplicaos.  ¿Sus 
queréis?  eso  no  es  falta;  ¿qae  no  hacéis  es- 
critura pública?  ya  la  habéis  hecho  en  pri- 
vao  y  con  faculta  de  elevarla  á  pública  así 
que  las  partes  contratantes  lo  estimen  imper- 
tinente; ¿que  no  habéis  pasao  por  la  Vicaría? 
es  lo  más  barato;  y  en  fin;  tó  está  bien,  me- 
nos que  no  hayáis  contao  conmigo... 

Fel.  ¿Ha  visto  usté  á  mi  padre?  ¿Qué  dice? 

Man  .  Está  desesperao;  sólo  piensa  en  salir  de  caza 

al  Pardo  de  día  y  de  noche,  hasta  que  le 
maten  los  guardias  como  mataron  su  perro 
favorito. 

Mal.  Trate  usted  de  verle,  de  hablarle... 

Man.  (Levantándose.)  Es  pronto  aún...  Sus  aconsejo 

que  salgáis  poco  de  casa,  y  sobre  to  que  no 
paséis  de  Madrí... 

Mal.  Descuide  usted. 

M\n.  Y  salud...  (Medio  mutis.)  Yo  por  esto  na  de 

rencor  os  guardo;  sabéis  ande  está  mi  ofecina 
y  las  horas  de  despacho  para  lo  que  sus 
ofrezca....  Salud... 

FEL.  (Acompañándola  hasta  la  puerta.)  AdiÓS,  tío... 

MAL.  (Lo  mismo,)  AdiÓS,  Señor    Manolo.  (Mutis  Mano- 

lo.—Pausa.) 


—  31  — 

ESCENA  IV 

FELICIANA  y  MALTRANA 
FEL.  (Echándose  en  los  brazos  de  Maltrana  llorosa.)    ¡He- 

rnos  matao  á  mi  padre!.,. 
Mal.  (Amoroso.)  Es  la  ley  de  la  vida.  La  felicidad 

necesita  víctimas  para  ser  más  esplendoro- 
rosa;  arrollar  á  su  paso  otras  dichas,  como 
si  su  mayor  goce  consistiera  en  el  daño  cau- 
sado á  los  demás.  Ya  recobraremos  á  tu 
padre;  ya  nos  perdonará;  pero  en  tanto  sa- 
boreemos la  deliciosa  ambrosía  de  lo  pro- 
hibido, estimando  su  exquisitez,  tanto  más, 
cuanto  mayor  sea  el  número  de  desgracias 
que  para  conseguirla  hemos  causado... 

Fel  .  (Serena  y  amantísima,  reclinando  la  cabeza  en  el  hom- 

bro de  Maltrana.)  Tu  amor  me  embriaga...  ador- 
mece en  mí  los  sentimientos  de  hija...  quie- 
ro estar  siempre  así...  ser  tuya  siempre... 

Mal.  ¡Feli!. ,  ¡Feli!... 

Fel.  Nunca  nos  separaremos...  ¡No  me  abando- 

nes!... ¡Siempre...  siempre  así!... 


i^UTACIÓft 


CUADRO  TERCERO 

•La  escena  representa  un  barrio  de  gitanos  denominado  «Las  Cambro- 
neras». El  telón  de  foro,  una  vista  de  Madrid  desde  aquel  sitio. 
Es  en  invierno  y  á  la  entrada  de  la  noche.  En  primer  término 
derecha  una  casa-habitación  muy  modesta,  y  en  igual  término  iz- 
quierda otra  más  pobre,  ambas  con  puertas  practicables. 


ESCENA  PRIMERA 

La  BORRACHA  y  COLETA,    saliendo  de  la  casa  de  la  derecha 

Bor.  ¡La  pobre  Feli!... 

Col.  Bien  mala  que  está,  y  el  señorito  Isidro,  el 

nieto  de  la  tía  Mariposa,  sufriendo  más  que 


—    32  — 

ella  por  no  poderla  atender  como  le  hace- 
falta  ..  Ya  ves  tú,  (por  la  derecha.)  aquí  penas 
negras  y  aquí  (Por  la  izquierda.)  alegrías  de  co- 
lor de  rosa.  Los  gitanos  más  ricos  de  estas 
Cambroneras  están  de  boda...  Si  no  fuera 
porque  tengo  el  corazón  como  una  pasa  de- 
ver  estas  desgracias,  me  quedaba  á  la  boda... 
¿Tú  no  has  visto  nunca  una  boda  de  gita- 
nos? 

Bor.  No. 

Col.  Pues  to  eso  que  cuentan  de  romper  el  pu- 

chero, son  fantesías...  Hay  que  ver  el  lujo  y 
las  cosas  que  se  traen.  Por  allí  (señalando  el 
foro  izquierda.)  vienen  los  de  la  boda...  Más 
vale  no  verlo... 

(Mutis  con  la  Borracha  foro  derecha.) 


La  siguiente  escena  de  la  boda  puede  hacerse  en  mí- 
mica ó  película.  De  esta  última  forma  se  hace  en  Ma- 
drid y  gusta  mucho;  pero  de  una  ú  otra  manera,  tanto 
la  interpretación  de  la  película  como  la  de  la  mímica, 
debe  hacerse  con  sujeción  al  siguiente  diálogo.  En  Ios- 
sitios  donde  sea  difícil  ó  costoso  hacer  una  película,  se 
advierte  á  las  Empresas  que  la  del  Teatro  Novedades 
de  Madrid  tiene  películas  para  vender  y  alquilar;  cuan- 
do la  Dirección  quiera  prescindir  de  presentar  la  obra, 
con  película,  puede  hacerse  con  la  escena  mímica,  y 
cuando  no  pueda  hacerse  ni  en  una  ni  en  otra  forma, 
aparecerá  por  el  foro,  como  ya  se  anuncia  en  la  anterior 
escena,  la  boda  de  gitanos,  gritando  ¡Vivan  los  noviosl, 
formarán  el  círculo  para  la  «Zambra»  y  comenzará  el 
número  cuando  cantan  la  Gitana  1.a  y  el  Gitano  1.°  y 
bailan  dos  señoras:  una  vestida  de  gitana  y  otra  de  gi- 
tano. El  Coro  de  caballeros  llevará  panderos  que  tocará 
durante  el  número  cantado  y  bailado. 

Para  hacer  la  película  convendrá  que  sus  intérpretes 
hablen  el  siguiente  diálogo,  á  fin  de  que  resulte  con 
más  naturalidad. 


Música 

(Orquesta  sola.) 


—  33     - 
BODA    GITANA 

ESCENA  II 

La  NOVIA,  el  NOVIO,  CAÑÍ  1.°  y  2.°  y  GITANO  1. 


Al  comenzar  la  escena  están  emboscados  los  Cañís  y  Gitano  que  al 
oir  el  galope  del  caballo  sale  el  Cañí  1.°  y  silba.  Aparece  la  Novia  en 
la  ventana,  mira  por  distintos  lados  y  vuelve  á  cerrar.  Otra  vez  sale 
el  Cañí  1.°,  llama  al  2.°  y  Gitano  1.°  y  después  de  cambiar  impresio- 
nes se  dicen  que  no  hay  novedad  y  hacen  señas  al  Novio  que  apare- 
rece  á  caballo  y  engalanado,  tanto  él  como  su  cabalgadura,  con  las 
mejores  prendas.  Sale  el  Novio  por  el  foro  derecha,  despacio,  y  se 
acerca  paso  á  paso  á  la  ventana  por  donde  apareció  la  Novia 

Novio  (Dice  en  mímica.)  Mi  nena  ha  debió  oir  la  seña. 

Ya  debe  de  estar  en  su  cuarto  asperando. 
¡Sentraña  mía!...  (Ya  en  la  ventana.)  ¿Llamaré 
ya?  Sí,  sí,  que.  er  goso  y  el  ansia  de  tenerla 
á  la  vera  e  mi  pecho  no  me  dejan  respira... 

(Suspira.)  ¡Arma  mía!...  (Llama  á  la  ventana  con 
los  nudillos.  Escucha  y  debe  expresar  que  han  oído  su 

llamada.)  ¡Ya  m'ha  oíof...  ¡Gitana  mía!..,  ¡Sal 
pronto  que  ma  ajogo  de  felisiál...  ¡Ya  está 
aquí!... 

NOVIA  (Asoma  á  la  ventana.)  ¡Chiquiyo!... 

Novio  ¡Gitana!...  ¡Dame  tus  labios  pa  que  puea  se- 

guir teniendo  alientos! 

Novia  ¡Gáyate,  ansioso,  que  aluego  te  daré  una  jar- 

te d'eyos!... 

Novio  ¡Uno  sólo  ahora,  anda! 

Novia  IjO  píes  de  una  manera,  chiquiyo,  que  se  te 

pué  negar...  (Le  echa  los  brazos  al  cuello,  sacando 
medio  cuerpo  por  la  ventana  y  le    da    un    prolongado 

beso.)  ¡Toma  mi  vía  por  mi  boca!...  (un  reloj 

cercano  da  siete  campanadas.  A  la  primera  salen  los 
amantes  de  su  ensimismamiento  y  vuelven  á  la  reali- 
dad recordando  que  deben  fugarse.) 

Novio  Vamos,  mi  nena,  vamos.  ¿  Yevas  to  lo  que  yo 

nesesito? 
Novia  Na  me  farta  pa  dir  á  la  cársel  de  tus  brasos. 

Novio  Pus  ven  á  eyos,  que  estás  condena  á  cadena 

perpetua. 

3 


—  31  — 

(La  Novia,  ayudada  por  el  Novio,  salta  de  la  ventana 

al  caballo,  y  él  montado  como  está  la    pone    delante.) 

NOVIA  (Mientras    lentamente  marchan   en    el  caballo  para  el 

foro  derecha.)  ¡Adiós  casita  ande  soñé  con  er  gi- 
tano de  mis  quereres!...  ¡Te  dejo  pa  siempre 
como  pa  siempre  é  el  cariño  de  mi  chiqui- 
yo!...  ¿verdá  que  zí,  mi  vía?... 
Novio  ¡Pá  ziempre!...  ¡pá  ziempre,  mi  arma! 

(Se  besan  hasta  el  mutis  y  después  salen  los  gitanos 
que  estaban  escondidos  y  hacen  mutis  por  el  mismo  si- 
tio, manifestando  gran  alegría  por  haber  contribuido  á 
la  fuga.) 


ESCENA  III 

LA  TEODORA,  EL  PADRE    DE  LA  NOVIA,  EL   JEFE  DE  LA    TRI- 
BU, CAÑÍ  1  °  y  2.°,  GITANO  1.°  y  2.° 

Tras  un  instante  de  silencio  solo  interrumpido  por  el  galope  del  ca- 
ballo que  se  aleja,  se  oye  en  la  casa  de  donde  fué  raptada  la  Novia, 
nn  tremendo  ruido  como  de  vajilla  que  se  rompe,  bofetadas  y  palos 
repartidos  con  profusión,  mezclado  con  gritos  de  la  Teodora  á  quien 
seguramente  le  tocan  más  bofetadas  y  palos  que  los  que  le  corres- 
ponden á  prorrata.  Los  gritos  y  ruidos  van  en  aumento,  hasta  que  se 
abre  la  puerta  de  ia  casa  y  sale  á  escena  la  Teodora  huyendo  y  gri- 
tando, detrás  el  Padre  de  la  Novia  con  una  estaca  y  seguido  muy  de 
cerca- del  Jefe  de  la  Tribu,  Cañís  1*  y  2.°  y  Gitanos  1.°  y  2.° 

Teod.  (Gritando  y  huyendo.)  ¡Ay!...  ¡ay!...  ¡ay!...  jay!... 

Padre  (pegándola  y  persiguiéndola.)  ¡So  pendón!...  ¡Mala 

madre,  mala  presona!  ¡Premita  un  divé  te 
ajorquen  con  una  cuerda  de  violín!...  ¡Mala 
gachí!... 

(A  todo  esto  le  zurra  de  lo  lindo  con  la  estaca,  á  pata- 
das, á  mordiscos,  sin  que  puedan  aplacar  sus  iras  los 
Cañís  y  Gitanos  que  intervienen.  Cae  la  Teodora  al 
suelo  á  consecuencia  de  los  golpes;  el  Padre  de  la  No- 
via se  queja  de  dolores  eu  el  brazo;  se  limpia  el  su- 
dor de  la  frente  y  se  bebe  una  caña  que  le  presenta  el 
Cañí  1.°  sirviéndola  de  una  botella  que  á  prevención 
lleva.) 

Git.  l.o       Tome  ozté  compare  y  no  se  asofoque  más!  (ei 

Padre  bebe.)  Esta    Llenando    otra.)  pa    mi  COmare 

la  Teodora  que  bien  se  Vha  ganao... 

TEOD.  (Bebe  sin  levantarse  del  suelo;  se  limpia  el  sudor  y  las 


—  36  — 


Padre 


Jefe 

Cañí  l.o 
Cañí  2.o 
<Jrr.  l.o 
Qit.  2.o 
Padre 


Teod. 
Padre 
Jefe 


Teod. 
Padre 


Jefe 


narices  con  la  manga  y  le  dice  á  su  hombre.)  ¡Gachó 

y  qué  bruto  eres!... 

¿Bruto  yo?...  ¿Mha  yamao  bruto?  (Enarboia  la 

estaca  y  de  nuevo  persigue  á  la  Teodora  que  huye 
gritando  como  antes  y  seguida  de  los  Gitanos,  que  in- 
tervienen.) ¡Mala  gachí!...  ¡Mala  mujer!...  ¡Mala 
madre!... 

¡Güeno  está  ya!...  Déjala  Inome,  que  si  ha/ar- 
tao,  ya  tiene  bien  paga  su  curpa... 
¡Vamo,  lióme,  déjala  ya... 
No  la  pegue  má... 
Ya  la  surró  bastante. 
Miá  como  está  la  probé  de  doloría. 
La  he  de  matar,  por  perra  y  por  discuidá... 

(Hace  mención  de  volverla  á  pegar  y  la  Teodora  huye 
un  poco.) 

¡Ay!...  ¡ay!...  ¡ay!... 

(Más  calmado.)  ¡Perra,  más  que  perra!... 
(a  la  Teodora.)  Anda,  mujer,  píele  perdón. 
Dimpués  de  tó,  el  home  está  enfadao  con  mu- 
cha rosón...  (ai  Padre.)  Tú,  arrepara  que  ya 
has  demostrao  tu  genio  y  tu  vergiiensa.  Ahora 
perdónala  que  mira  con  qué  humirdá  te  va 
ha  peir  perdón,  (a  la  Teodora,  "i  Dile  que  te  per- 
done, no  seas  rencorosa,  (ai  padre.)  Tú,  per- 
dónala. 

(Arrodillándose  delante  del  Padre.)  Perdóname,  gi- 
tano de  mis  quereres,  que  ya  no  lo  haré  más. 
(Amenazándola.)  ¡Perdón!...  ¡  Mar  dita  sea!... 
(Transición.)  Ven  acá,  chiquiya,  que  ya  me  he 
dao  cuenta  de  que  no  es  tuya  la  curpa.  (La 

abraza,  y  en  seguida,  bruscamente  se  separa    furioso.) 

¡La  curpa  es  d'eya,  d'eya;  eza  perra  de  hija 
que  ha  yenao  de  vergiiensa  la  nieve  de  mi  ca- 
lesa!... ¡La  curpa  es  de  él  que  ha  ¡sabio  acara- 
melar á  mi  hija  con  eza  palabras  durse  de  los 
enamoraos!...  ¡Eya  una  sin  vergiiensa!...  ¡él 
un  mardesío!...  ¡los  dos,  los  dos  me  deshon- 
ran!... ¡Los  dos  amargan  los  úrtimos  momen- 
tos de  mi- vía!...  ¡Quiero  beber  zu  zangre!... 
¡Quiero  abrirles  er  corasen  pa  ver  cómo  lo 
tien  de  negro!...  ¡Déjame  zolo!...  ¡Déjame  que 
vaya  á  buscarles  pa  jaserlos  peasos!...  (Nadie 
le  sujeta.)  ¡Déjame!. . 

Home,  ar repara  que  er  chiquiyo  é  un  barbián. 
Arrepara  que  aviyela  pasta;  que  los  mucha- 


—  36 


Padre 


Teod. 


J.  Tribu 


Padre 
J.  Tribu 


Novio 
Padre 


Novio 
Padre 

J.  Tribu 


chos  se  quieren  dende  que  eran  azín  de  chi- 
quitiyos;  que  tú  nunca  has  puesto  mala  cara 
cuando  t'enterabas  del  cortejo  y...  arrepara 
que  zon  coza  é  la  vía. 

¡No!...  ¡no!...  ¡no!...  ¡Son  unos  sinvergüenzas! 
¡Que  no  se  me  presenten  elante  de  mi  vista, 
porque  los  jago  peasosf...  ¡Déjame  zolo!...  ¡Dé- 
jame! (Nadie  le  sujeta.) 

(Aparte  al  Jefe  de  la  Tribu.)  Por  aya  viene  er  no- 
vio. (Señala  al  foro  derecha. )    Mire  OZté  er  pobre- 

sito  mío  como  viene  de  arrepentío  á  peir 
perdón... 

(Hace  señas  al  Novio  que  se  acerca  lentamente  du- 
rante el  diálogo  siguiente,  mientras  le  dice  al   Padre.) 

Oye,  ¿qué  harías  si  viniera  er  niño  á  peirte 

perdón? 

(Furioso.)  ¿Ande  está?...  ¡que  me  lo  como!... 

Home,  arrepara  y  reflersiona...  Ponte  en  er 

caso  d'er...  Acuérdate  de  cuando  tú  eras  un 

chaval  COmo  él...  (La  expresión  del  Padre  se  dul- 
cifica á  medida  que  avanza  el  relato.)  TÚ  amontaba 

aqueya  jaca  torda;  la  Relámpago...  Era  de 
noche,  como  ahora...  Los  colores  y  caireles 
de  tu  manta  jeresana,  tenían  la  vía  que  les 
daba  un  rayo  de  lu  que  zalía  de  una  venta- 
na como  ésta.  Detrás  de  eya  t'aguardaba  la 
Teodora,  la  que  ahora  es  tu  mujé  y  que  en- 
torne era  la  gitana  más  barbi  de  los  andaluse. 
¿T'acuerdas?  Tú  ayegaste  á  la  ventana,  diste 
un  bezo  en  aqueyos  labios  de  craveyina  y 
aluego  la  Relámpago  que  corría  fatiga,  no 
pudiendo  yevar  sobre  sus  lomos  tanta  f eli- 
sia como  yevaba...  ¿T'acuerdas?...  La  edá  de 

éste  vendrías  á  tené...  (Por  el  Novio  que  se  acer- 
có, arrodillándose  ante  el  Padre  y  con  la  frente  humi- 
llada.) 

¡Perdón! 

(Furioso.)  ¡Sinvergüensa!   ¡Lo  mato!  (Nadie  se 

asusta.   Transición.)    ¡Ven   á  mis    brasos,   chi- 

quiyo!  ¡Como  tú  era  yo  cuando  aqueya  noche 

felit... 

¡Perdón  pa  mi  buñíf 

(Furioso.)  ¡No,  pa  eya  no!  ¡Que  no  venga,  que 

no  venga! 

Arrepara  que  es  tu  hija...  ¡Que  es  el  fruto  de 

los  amores  con  aqueya  gitana  de  ojos  de  fue 


—  3 


Padre 
J.  Tribu 


Novia 
Padre 

J.  Tribu 
Todos 
J.  Tribu 


Todos 


go  que  t'asperaba  detrás  de  aqueya  ventana 
por  donde  zalla  un  rayo  de  lu  que  daba  co- 
lor á  los  cairele  de  tu  manta  jeresana. 
¿Tú  t'acuerdas  de  mi  jaca  la  Relámpago? 

(Aprovechando  este  momento  de  reflexión  del  Padre  le 

dice  al  Novio.)  Anda  á  por  tu  buñí: 

(El  Novio  hace  señas  á  la  Novia,  que  aguardaba.  Esta 
sale  rodeada  de  sus  amigas,  gitanas  jóvenes  y  se  arro- 
dilla delante  del  Padre.) 

¡Perdón,  pare! 

(Abrazándola)  ¡Hija  mía,  ven  á  mis  brasos! 

(La  Teodora  abraza  ybesa  á  la  Novia.) 

¡Vivan  los  novios! 
¡Vivaaaan! 

(Dice  mientras  lo  hacen  los  demás.)    Ahora  forme- 
mos la  procesión  pa  acompañar  á  los  no- 
vios, (a  ellos.)  ¡Que  seáis  mufelise!  ¡Vivan  los 
novios! 
¡Vivan! 

(El  Novio  monta;  á  la  Novia  la  ayudan  á  montar  el 
Padre  y  el  Jefe  de  la  Tribu,  rompen  los  novios  marcha 
y  detras  toda  la  comitiva  con  gran  algazara  y  gritan- 
do: ¡Vivan  los  novios!  Mutis  foro  derecha.) 


ESCENA  IV 

LA  TEODORA  que  queda  en  escena  gimoteando   como  gimotean  casi 

todas  las  madres  que  casan  hijas  y  á  poco  sale  por  el  foro   izquierda 

el  NOVIO  DESPECHADO  que  le  pone    una  mano  en  el  hombro  y  le 

dice  con  terrible  expresión 


Desp.  ¿Y  su  hija? 

TEOD.  (Extrañada.)  ¿Mi  hija? 

Desp.  Sí,  su  hija;  mi  buñí!... 

Teod.  En  la  boa;  ze  caza  ahora  mesmo. 

Desp.  ¿Que  ze  caza?...  ¡Zí  ya  me  lo  temía  yo!  ¿Que 

ze  caza?  ¿Que  ze  caza? 

Teod.  Zí,  home,  zí;  que  ze  caza,  y  ¿qué? 

Desp.  Que,  ¿qué?...  Pero  ¿ozté  no  zabe,  mala  bruja, 

que  yo  la  camelaba  liase  tiempo? 

Teod.  ¿Yo?  ¡ni  una  palabra! 

Desp  .  ¿Con  que  no?...  ¡Mardito  zea  mi  zino  perro!... 

¿Conque  ozté  no  lo  zabía?  Pos  miusté:  por  tos 
mis  muertos  juro  que  voy  kjasé  una  esabo- 
risión  como  no  ze  haiga  conosío  enjamás.  (saca 


una  descomunal  navaja  de  muelles  y  la  abre.)    ¿Ozté 

ve  esta  navaja?  Pos  drento  de  una  hora  ha- 
brá cortao  más  carne  que  er  cuchiyo  de  un 
camisero.  Y  á  ozté,  mala  bruja.  (Amenaza  á  la 

Teodora,  que  huye  despavorida,  haciendo  mutis  por  la 
casa  izquierda  y  cerrando  tras  sí  la  puerta.)  ¿Por 
dónde  S'habrán  díof  iHace  unos  cuantos  desplantes 

de  valiente.)  ¡Bah!  ¡Es  lo  de  menos!  Azin  ze 
haigan  metió  en  la  pr efundida  de  los  mares 
los  vi  á  zacá  eon  la  punta  de  mi  navaja 
como  si  jueran  armejas  ..  Por  mis  muertos 
que  ande  los  piye  los  enzarto...  (vá  á  hacer  mu- 
tis y  se  encuentra  con  el  padre  de  la  novia.) 


ESCENA  V 


TEODORA,  el  PADRE,  el  NOVIO  DESPECHADO,  los  GAÑÍS  1.°  y  2.° 
y  los  GITANOS  1.°  y  2.° 

Desp  .  Home,  m'alegro  de  encontrarle.  Er  corasen 

de  ozté  va  á  zer  er  primero  que  yo  pinche... 

PADRE  (Con  risa  cortada  y  guasona.)  ¡Ja,  ja,  ja! 

Desp.  Conque  ¡ja,  ja,  ja!... 

Padre  Zi.  ¿Qué  quieres?... 

Desp  .  ¡Jaserle  un  oordao  en  er  corazón! 

PADRE  Pa    luego   es  tarde.    (Toman  en  la  siniestra  mano 

la  manta,  arman  la  derecha  con  descomunal  navaja  y 
se  disponen  á  acometerse  como  fieras.  Dan  el  primer 
salto.  Aparecen  los  Cañís  y  Gitanos,  que  intentan  se- 
pararlos; los  combatientes  les  hacen  retirar  y  la  Teo- 
dora, que  asoma  á  la  puerta,  por  donde  hizo  mutis, 
ve  á  su  marido  de  pelea  y  se  mete  dentro  de  la  casa,, 
haciendo  expresión  de  evitar  la  pendencia.  Siguen  los 
combatientes  dando  saltos;  los  mirones  hacen  los  mis- 
mos movimientos  que  aquéllos  y  la   Teodora,  que  apa- 

,.      ,  rece,  sin  que  nadie  más  que  su  marido   se  dé  cuenta,, 

con  un  tricornio  de  guardia  civil  puesto  y  un  capote, 
Todos  huyen  por  distintos  lados  rápidamente,  el  Padre 
y  la  Teodora  ríen  la  ocurrencia  y  aparece  la  comitiva 
nupcial  por  el  foro  izquierda.  Se  forma  el  cuadro  para 
la  zambra  y  acaba  la  pelea  ó  escena  mímica.) 


—  39 


GlT.  I.* 


GlT.  1.a 
GlT.  l.o 


Música 

Gitanos  granadinos 

que  descendemos 

de  Boabdil, 

marchamos  peregrinos 

lejos  del  Darro 
y  del  Genil. 
Bogamos  por  el  mundo  sin  tener 
un  puerto  fijo  al  que  arribar, 
ni  hogar  querido  al  que  volver; 
las  penas  nos  agobian  sin  cesar, 
mas  aunque  mate  el  padecer 

hay  que  cantar. 


Todos 


Git.  1.a 


GlT.  1.a 
GlT.  l.o 


Todos 


Loco,  chiquiya,  tiés  á  tu  büñí. 

Nunca  gitana  más  linda  se  vio. 

¡Viva  tufare,  gitana  graciosal... 

y  ¡viva  la  mare  que  al  mundo  fechó! 
El  más  oculto  arcano 
todos  sabemos  descubrir; 
la  raya  de  la  mano 
nos  dice  claro  el  porvenir. 
Vendemos  amuletos  para  ser 
afortunados  al  jugar, 
afortunados  en  querer, 
y  allí,  donde  acampamos  al  azar, 
á  todo  el  mundo  da  placer 
vernos  bailar. 

Loco,  chiquiya,  tiés  á  tu  buñi. 

Nunca  gitana  más  linda  se  vio. 

¡Viva  tu.  pare,  gitana  graciosa! 

y  ¡viva  la  mare  que  al  mundo  fechó! 


Gitanos  granadinos 
que  descendemos 
de  Boabdil, 

marchamos  peregrinos 
lejos  del  Darro 
y  del  Genil. 

(Terminado  el  número,  algazara  general  y  con  un  bis 
musical  hacen  mutis  por  la  izquierda,  repitiendo  los  gri- 
tos de  IVivan  los  novios!  Queda  la  Teodora  en  escena.) 


-  40  — 


ESCENA  VI 

LA  TEODORA  y  MARIPOSA,  ZARRATUSTRA  y  el  BOBO  por  el  foro 
derecha 

Hablado 

Zar  (Andando    trabajosamente    del    brazo    del  Bobo.)  Ya 

estamos  en  las  Cambroneras...  ¿Te  peso, 
Bobo? 

Bobo  ¡Je!...  ¡Je!  ¡Bueno!... 

Mar.  Esta  buena  mujer  (Por  la  Teodora.)  nos  dirá 

donde  viven  mis  nietos...  (a  ella.)  Diga  us- 
ted, buena  señora;  ¿vive  por  aquí  el  señor 
Isidro  Maltrana?... 

Teod.  Sí,  señora...  aquí  vive  y   bien   serca  de  su 

casa  están...  La  señorita  está  muy  mala... 
muy  mala...  un  parto  malo...  muy  malo.  Er 
señorito  Isidro  está  mú  apenaiyo...  no  sé, 
no  sé  qué  desgracia  más  grande  envía  er 
Señó...  aluego  como  los  probes  están  sepa- 
raos de  la  familia,  pasan  las  mayores  cala- 
midades y  la  probé  señorita  está  muy  mala, 
muy  mala...  no  sé,  no  sé  pero  creo  que  el  se- 
ñorito piensa  en  llevarla  al  hespital;  ya  ve 
usté,  señora,  y  ustés,  señores,  esto  es  mu 
triste,  mu  triste,  pero  que  remedio  queda  á 
los  probes  que  curarse  en  el  hespital,  en  la 
casa  grande  que  arrecoge  á  los  esgraciaos... 

Zar.  (impaciente. )  Diga  usté  si  nos  sentamos  ó  si 

nos  va  á  decir  lo  que  le  hemos  preguntao... 

Teod.  ¡Ay,  Jozú!...  y  qué  pórvora  de  genio...  ahora 

mesmito  iba  á  desirlo,  sólo  que  una  da  sus 
explicaciones,  pa  que  se  enteren  los  que  pá- 
rese tienen  interés,  porque  ostedes  deben 
de  tener  argún  interés  asín  que  vienen  pre- 
guntando; ¿hablo  bien,  señora?  ¿hablo  bien, 
señores?... 

Zar  Si  habla  usté,  pero  demasiao... 

Mar.  ¿Quiere  usté  decirnos  dónde  vive  mi  nieto? 

Teod.  ¡Ah!  pero  usté  es  nieta,  digo  abuela  del  se 

ñor  Isidro?..  ¡Haberlo  dicho!...  ¡Me  alegro 
tanto!...  ¡Por  muchos  años!... 

Zar .  (ai  Bobo.)  ¿Miá  que  habla!... 

Bobo  ¡Je!...  ¡Je!...  ¡Bueno! 


—  4!    — 


ESCENA  VII 

DICHOS  y  MALTRANA  y  NOGUERAS,  saliendo   de  la  casa  primera 
derecha 

Mal.  (Reconociendo  á  su  abuela.)  ¡Abuela!...  ¡Zarratus- 

tra!...  ¡Cuánto  les  agradezco  esta  visita!... 

Mar.  ¡Sidrín,  hijo  mío!...  Hemos  venío   á  veros, 

enteraos  de  vuestra  desgracia!... 

Zar.  Aunque  pobres,  tenemos  corazón... 

Mal.  Pasen,  pasen.  Feliciana  está  muy  enfermo, 

pero  se  alegrará  mucho  de  verles. 

Mar  .   .        Vamos,  vamos;  ¡probetica! 

Zar.  Vamos,  vamos. 

Mal.  En  seguida  soy  con  ustedes... 

(Mutis  por  la  casa  de  la  derecha,  Mariposa,  Zarratustra 
y  el  Bobo;  Maltrana  les  acompaña  y  luego  habla  en 
voz  baja  con  Nogueras  mientras  la  Teodora  dice  muy 
enfadada.) 

Teod.  ¡Ni  las  grasia  siquiera!   Dimpués  que  una  sé 

molesta  en  dar  explicasiones  al  que  se  las 
píe,  er  pago  es  er  dispresio...  ¡Ay,  Jozú  (con 
ei  mutis.)  der  Gran  Poé3  y  qué  esaborisión  de 

gentes!...  (Mutis  casa  izquierda.) 


ESCENA  VIH 

MALTRANA    y    NOGUERAS 

Mal.  Y  bien,  amigo  Nogueras.   Ha  llegado  la 

hora  de  que  el  médico  hable  la  verdad  por 
muy  cruel  y  amarga  que  esta  sea. 

Nog  .  Chico;  muy  doloroso  es  ejercer  la  profesión 

pero  el  amigo,  en  estos  casos,  cede  el  sagra- 
do puesto  al  médico  y  este  tiene  que  guar- 
dar sus  sentimientos  y  hablar  como  su  cien- 
cia le  aconseja.  Tú  creíste  que  era  inacaba- 
ble aquel  momentáneo  bienestar  que  al 
principio  de  vuestros  amores  aportabas;  lie- . 
gó  la  época  difícil,  comenzaron  las  privacio- 
nes, y  lo  demás  se  adivina. 


—  42  — 

Mal  .  De  nada  me  sirve  la  ilustración  adquirida 

en  la  Universidad,  como  no  sea  para  sufrir 
más  con  la  miseria,  conociendo  otro  estado 
y  otra  situación  donde  todo  sobra.  Mis 
músculos  atrofiados,  sin  ^desarrollo  físico 
que  los  hiciera  fuertes,  son  estorbos  en  mi 
cuerpo  debilitado  por  la  inercia.  ¿De  qué 
me  sirve  la  inteligencia  cultivada  con  el  es- 
tudio, si  mis  brazos  no  tienen  fuerzas  para 
ganar  un  pedazo  de  pan,  para  que  esa  infe- 
liz no  perezca  de  hambre  y  frío?  Envidio  al 
mozo  de  cordel,  que  puede  arrastrar  pesos 
para  ganar  el  sustento.  ¡Con  cuánto  placer 
cambiaría  toda  mi  ciencia,  inútil,  desespe- 
rante en  esta  situación,  por  poder  manejar 
un  pico  ó  transportar  yeso  y  ladrillo  en  una 
obra!  No  vestiría  esta  vergonzosa  librea  de 
señorito,  pero  mi  blusa  traería  en  sus  bolsi- 
llos las  monedas  ganadas  con  gotas  de  su- 
dor, que  serían  el  pan  y  la  felicidad. ..  ¡Mal- 
dita la  hora  en  que  estudié  y  maldita  la 
ciencia  que  de  tal  modo  acibara  mi  vida!... 

Nog.  No  hay  que  apurarse,  hombre.  La  enferma 

no  está  más  que  grave.  La  vida  de  privacio- 
nes que  lleváis  y  la  muerte  del  padre  de 
ella,  desesperado  por  vuestra  poco  noble 
acción,  han  influido  mucho  en  que  se  haya 
agravado.  Tu  enf  ermita  padece  una  eclamp- 
sia; habrá  quizá  que  provocar  el  parto,  pero 
te  recomiendo  eficazmente  la  traslades  á  la 
facultad;  allí  estará  bien  atendida.  El  médi- 
co que  la  ha  de  asistir  es  íntimo  amigo;  yo 
la  recomendaré  :  y  estará  mucho  mejor  que 
aquí,  créeme...  (Asoma  la  Mariposa.)  Adiós,  chi- 
co... ¡Valor!...  (Mutis  foro  derecha.  Maltrana  se  que- 
da pensativo  y  la  Mariposa  que  estaba  escuchando  sale 
de  puntillas  y  se  coloca  detrás  de  Maltrana.) 


ESCENA    IX 

LA  MARIPOSA  y  MALTRANA 

Mar.  (Llorando.)  ¡Isidrín!...  ¡Nieto  de  mi  alma!... 

Mal.  (Abrazándola.)  ¡Abuela!... 

Mar.  (Mirando  á  todos  lados  y  hablando  con  mucho  sentir.) 


—  Vd  — 

;Lo  he  oío  to!...  He  visto  á  la  probetica 
Feli;  pero  tu  abuela  está  en  el  mundo 
para  algo  y  aquí  está  á  tu  lao  pa  remediar 
tus  males  con  tos  sus  intereses... 

Mal.  ¡¡AbuelalL.  ¡¡No  me  haga  usted  morir  de 

alegría!!...  ¡¡Hable  pronto!!... 

Mar.  (Muy  en  secreto.")    ¡Ühist!...    ¡Que  nadie  nos- 

oiga!...  Tú  has  oío  decir  que  tu  abuela  tenía 
un  tesoro  y,  aunque  á  to  el  mundo  se  lo  he 
ocultao,  ha  llegao  la  ocasión  de  sacarlo  y  lo 
saco... 

Mal.  ¡Abuela!...  ¡Abuela,  por  Dios!... 

MAR.  (Tocándose  en  el  pecho.)  ¡Chist!...    ¡Aquí    está!.... 

¡Pero  que  nadie  lo  sepa!... 

MAL.  (Tratando  de  arrebatárselo.)  ¡¡A  ver!!...  ¡¡A  ver!!... 

MAR.  (Sacando  un  envoltorio  del  pecho.)   Aquí  hay  Una 

fortuna  pa  comprar  medio  Madrí...  (lo  desta- 
pa nerviosamente.)  ¡Mira!...  Me  ha  costao  toa  la 
vida  reunirlo...  Lo  he  ido  recogiendo  poco  á 
poco  en  la  basura...  ¡Como  sirvo  tantos  años 
agente  tan  prencipal!...  ¡Mira!...  ¡mira!...  ¡To 
pa  ti!...  ¡To  pa  mi  nieto,  pa  que  no  pase  pe- 
nas ni  sufra!...  ¡Mira!...  ¡miral...  (pausa.  Maitra- 

na,  al  convencerse  de  que  aquello  que  la  Mariposa 
tiene  por  tesoro,  no  es  más  que  pedrería  falsa  y  dorado 
de  bisutería  sin  ningún  valor,  sufre  una  decepción  y 
un  aplanamiento  moral  más  grande  que  antes.  Mira 
compasivamente  á  la  vieja  y  después  de  la  pausa.) 

Mal.  ¡Esto  no  vale  un  solo  céntimo,  abuela!... 

Mar.  (Extrañadísima.)  ¡¡Qué  es  lo  que  dices!!... 

Mal.  Eso  no  vale  nada;  pero  vale  su  deseo  todo 

lo  que  su  fantasía  concedía  á  ese  tesoro  ima- 
ginario... ¡Guárdeselo,  abuela!...  ¡guárdese- 
lo!... 

Mar.  ¡Pero  tú  deliras,  Isidrín!... 

Mal.  Usted  tenía  un  tesoro,  es  verdad...  ¡sus  sen- 

timientos!... (Mutis  primero  derecha.) 

Mar.  ¡Qué  bueno  es,  qué  bueno!...   ¡No  quiere  to- 

.  mar  mi  tesoro!...  (Guardándolo.)  ¡Tu  abuela  te 

lo  guardará  pa  ti,  pa  ti!...  ¡Bendito  seas!..^ 

(Mutis  primero  derecha.  Aparece  el  señor  Manolo.) 


—   44   — 

ESCENA  X 

MALTRANA  y  el  SEÑOR  MANOLO  de  luto 
MAN.  (Llamando  á  la  puerta.)  Isidro. 

Mal.  (saliendo.)  Si  tarda  un  poco  más  no  me  en- 

cuentra; ahora  voy  á  llevar  á  Feli  al  hos- 
pital... 

Man.  (Enternecido.)  ¡Valor,  Isidro,  valor!...   Quisiera 

ser  rico  pa  remediar  tus  penas,  pero  ya  lo 
ves.  He  hecho  lo  que  he  podio  y  ahora,  con 
tó  el  dolor  de  mi  alma,  tengo  que  ver  cómo 
se  desgarra  la  tuya  sin  poderla  echar  un  mal 
remiendo...  ¡Cosas  del  cuarto  Estado!... 

Mal.  Voy  á  llevarle  ahora  mismo,  pero  no  qui- 

siera que  Feli  le  viera,  podría  afectarse  y... 

Man.  No  hables  más.  Toma  estas  dos  pesetas  úni- 

cas que  tengo  y  ya  tienes  pa  una  carrera  de 
coche  hasta  el  hospital. 

Mal.  ¡La  última  carrera! 

Man.  ¡Quién  sabe!  Vaya,  no  te  digo  más  porque 

110  puedo.  ¡Salud!  (Mutis  foro  derecha  muy  despa- 
cio, como  emocionado  profundamente.) 

ESCENA  XI 

MALTRANA,  La  MARIPOSA,  ZARRATUSTRA  y  El  BOBO 

Mar.  (Abrazándole   llorosa.)   ¡Adiós,   Isidrínl  ¡Valor, 

hijo  mío,  valor!  (ai  oído.)  ¡Tu  abuela  te  guar- 
dará el  tesoro  para  tí! 

Zar.  (Emocionado.)  ¡Adiós,  Isidro!   ¡No  te  digo  na! 

¡eres  hombre!  (sentenciosamente.)  La  horda,  los 
pobres  que  la  sociedá  echa  á  puntapiés,  le- 
jos de  sí,  solo  puen  volver  á  su  seno  cuando 
heridos  de  muerte  por  sus  criminales  despre- 
cios, van  á  morir  á  sus  hospitales...  Solo 
cuando  nos  han  matao  sienten  compasión 
por  nosotros.  ¡Adiós,  Isidro!  ¡Valor!  (Mutis  con 

Mariposa  y  el  Bobo.) 


—  45 


ESCENA  XII 


MALTRANA  desesperado  entra  en  la  primera  derecha  volviendo  á 
salir  en  seguida  dando  el  brazo  á  Feliciana  que  viste  de  riguroso 
luto,  con  mantón.  Feliciana,  que  está  muy  demacrada,  sonríe  triste- 
mente, con  sonrisa  cien  veces  más  amarga  que  el  llanto.  Maltrana 
emocionadísimo 


(Recitado  sobre  un  pianísimo  de  orquesta,  con  un  mo- 
tivo del  dúo  del  segundo  cuadro.) 

Mal.  Iremos  muy   despacito  hasta  la  Fuentecilla 

y  allí  tomaremos  un  coche... 
Fel.  ¿Y  para  qué?  Guarda  el  dinero  para  comer 

tú...  (Maquinalmente.)  ¡Qué  Erío! 

Mal.  ¡Vida  mía!  ¿Quieres  mi. abrigo?  Aguarda  y 

te  lo  echaré  por  los  hombros... 

FeI..  (Sin  consentirlo  é  intentando  sonreir.)  No,  tontito... 

Yo  VOy  bien  abrigada...  (Volviéndose  á  mirar    la 
casa  que  deja.)  ¡AdiÓS,  mi  Casita! 

Mal.  ¡Feli...  por  Dios!  ¡Vamos  poquito  á  poco! 

Fel  .  Iremos  muy  despacito  para  tardar  más  á 

separarnos...  ¡No  te  voy  á  ver  más! 
Mal.  ¡Feli  de  mi  alma!  ¡Oh,  sociedad  cruel!  ¿Quién 

te  dio  derecho  para  causar  tantas  víctimas? 

¿Qué  tribunal  juzgará  tus  horribles  delitos? 

¡¡Maldita!!  ¡¡Maldita  seas!!  (Telón.) 


MUTACIÓN 


CUADRO  CUARTO 


Decoración  del  primer  cuadro.  En  el  primero  izquierda,  que  antes  es- 
taba ocupado  por  la  miserable  casuca  de  la  Mariposa,  hay  ahora 
un  elegante  y  sencillo  chalet.  En  la  puerta,  sentados  en  sillas,  la 
Mariposa,  Antonia  y  Zarratustra,  vestidos  de  riguroso  luto  y  sin 
andrajos,  rodean  una  elegante  cuna  donde  se  supone  duerme  un 
niño  de  pocos  meses.  La  Borracha,  Coleta  y  el  Bobo,  también  de 
luto  y  sin  andrajos  rodean  la  cuna. 


—  46  — 


ESCENA  PRIMERA 

LA  MARIPOSA,  ANTONIA,  ZARRATUSTRA,    LA    BORRACHA,  CO- 
LETA y  EL  BOBO 


Música 


Ant. 

los  demás 
Ant. 
los  demás 

Ant. 

LOS  D3MÁS 

Ant. 

los  demás 

Ant. 

los  demás 

Mar. 

Bor. 

Ant. 

:Zar. 

€ol. 

Todos 


Ant. 
Los  demás 


¡Ea! 


Mar. 
Zar. 
Bobo 
€ol. 

Ant. 


¡Ea! 

¡Ea! 
¡Ea! 
Duerme  mucho,  rico,  duerme; 
duérmete,  que  aquí  estoy  yo... 

¡Ea!  ¡ea!  ¡ea! 
Duerme  con  los  angelitos 
y  con  la  Madre  de  Dios. 
¡Ea! 

¡Ea! 
¡Ea! 
Ya  se  ha  dormido. 
Ya  se  durmió. 
No  meter  ruido, 
¡chito!  ¡chitón!... 
Mira,  qué  cara, 
que  rico  está... 
Es  el  retrato 
de  su  mamá... 

(Menos  An  onia.) 

Duerme  mucho,  rico,  duerme; 
duérmete,  que  aquí  estoy  yo¡.. 

¡Ea!...  ¡Ea!...  ¡Ea!...  _ 
Duerme  con  los  angelitos 
y  con  la  madre  de  Dios. 

¡Ea!...  ¡ea!...  ¡ea!... 

Hablado 

¡Angelito  mío!...  ¡Duerme  como  un  bendito! 

¡Toa  la  carita  de  su  madrel...  ¡Criatura!... 

¡Je,  je!...  ¡Bueno! 

(por  ei  Bobo.)  A  ver  si  lo  despiertas  y  te  suelto 

un  capón. 

Traga  que  es  un  gusto...  Yaj?w¿  dormir,  ya... 

Ma  dejao  vacía  de  un  tirón. 


-    47  — 

Bor.  ¡Vaya  un  aguante  de  criatura!  > 

Mar.  Y  qué  tié  que  ver  eso.  A  mi  biznieto  hay  que 

darle  toa  la  teta  que  quiera. 

Zar  .  Como  si  se  quiere  mamar  otra  tanta. 

Ant.  Pues  como  no  la  pinte  no  sé  cómo. 

Mar  .  Bien  que  puedes,  y  con  lo  que  comes,  to  co- 

mida nueva. 

•Col.  Como  que  en  esta  casa  ya  no  entra  comida 

de  la  busca.  Así  no  come  el  chico  micobrios. 

Bobo  ¡Je,  je!...  ¡Bueno! 

Ant.  Ya  le  costará  to  esto  al  señorito  Isidro. 

Mar  .  Pera  to  lo  pué  pagar,  que  bien  ha  mejorao 

de  posibles  mi  Sidrín. 

Zar  .  Después  que  tuvo  que  ver  morir  á  la  pobre 

Peli,  sin  poderla  prestar  ningún  auxilio, 
paece  que  to  le  salió  bien,  como  si  la  sociedá 
hubiera  estao  esperando  á  quitarle  la  felici- 
dá  del  amor  de  su  vida,  pa  empezar  á  darle 
el  pan  que  antes  le  negó. 

Col.  Hay  pa  hacer  un  desavío  con  la  sociedá,  ¿no 

te  paece,  Bobo? 

Bobü  ¡Je,  je!...  ¡Bueno! 

Bor.  Allá  vienen  el  señor  Isidro  y  el  señor  Ma- 

nolo. 

Ant.  Ya  están  acá. 


ESCENA  FINAL 

DICHOS,  MALTRANA  y  MANOLO,  por  la  primera    derecha,    ambos 
de  luto  riguroso;  Maltrana  elegantísimo,  pero  sencillo 

Mar  .  ¡Mira,  Sidrín,  mira!  Paece  que  te  conoce. 

Zar.  En  cuanto  oyó  que  venías  abrió  los  ojos. 

Mal.  (Arrodillándose  junto  á  la  cuna  y  besándole.)    ¡Hijo 

mío! 

Man.  (lo  mismo.)  ¡Hola,  ciudadano  sobrino! 

Zar.  Aquí  lo  tienes  cuidao  como  un  rey.  Aunque 

vive  entre  la  horda,  entre  los  pobres  echaos 
á  patas  por  la  sociedá  del  pogreso,  se  le  cui- 
da como  aquellos  saben  cuidarse... 

Mal.  Vive  entre  la  horda,  pero  de  ella  saldrá  con 

una  poderosa  fusta,  para  cruzar  la  cara  de 
los  que  mataron  á  su  madre...  ¡Tú  la  venga- 
rás, hijo  mío!  (Lo  besa.) 


—  48  — 

Man.  Este  ciudadano  derrotará  á  los  miserables 

unitarios... 

Zar.  Pero  no  con  el  traje  de  peregrino,  no  pi- 

diendo, no  suplicando,  sino  tomándose  de- 
grado ó  por  fuerza  lo  que  corresponde  á  toda 
criatura  de  Dios. 

MAL.  (Sentenciosamente  y  como  hablando    con    la    criatura 

después  de  darle    un   prolongado    beso.)    ¡Llegarás,,, 

chiquitínl...  Yo  marcharé  á  gatas  delante  de 
ti;  abriré  con  mi  lengua  un  camino  en  el 
barro,  para  que  avances  sin  ensuciarte.  No 
temas  que  caiga  desalentado,  que  vuelva  á 
sentirme  cobarde  y  te  abandone  como  á  la 
pobre  mártir.  ¡Este  amor  que  ahora  nace  ea^ 
de  hierro!...  ¡Ya  soy  otro!...  ¡¡Soy...  tu  padre!! 


"'l'.KLON 


Obras  de  Dionisio  Laguía 


En    do©    actos 

Savia  de  amor,  comedia. 
Rocambole,  drama. 

En    un    acto 
La  fiesta  mayor,  zarzuela  cómico  dramática  en  prosa 
La  fiesta  del  pueblo,  ídem  id. 
Riñas  y  pnces,  diálogo  en  prosa. 
Achares,  ídem  id 
Refrán  antiguo,  ídem  id. 
El  teatro  por  dentro,  (1)  humorada  cómico-lírica  eu  prosa  y 

verso. 
El  extranjero,  zarzuela  de  costumbres  castellanas  en  pros* 
[Hay  que  ver! ..  disparate  cómico  lírico  en  prosa  y  verso. 
Alma  bohemia,  zarzuela  en  prosa  y  verso. 
El  milagro  de  San  Primo,  cuento  baturro  en  prosa. 
El  cinturón  Venus,  entremés  verde  cómico-lírico  en  prosa. 
La  alborada  del  vivir,  comedia  lírica  en  prosa. 
A  mí  no  me  mires  iú,  revista  en  prosa  y  verso. 
Un  criat  recomanat,  diálogo  en  valenciano  y  castellano. 
La  mujer  y  la  ciencia,  zarzuela  en  un  acto  y  en  prosa. 
El  alfeñique,  (1)  ídem  id. 

¡Sube  Mariana,  sube!,  revista  en  un  acto  y  en  verso. 
Aroma  de  romero,  poema  premiado. 
Alma  de  gitana,  zarzuela  en  verso  y  prosa. 
Cap  y  cúa,  saínete  en  prosa. 
¡Ay  que  película,  pelí!,  revista  cinematográfica  en  verso  y 

prosa. 
El  cuarto  de  hora,  monólogo  algo  verde. 
La  horda,  novela  en  acción  y  en  prosa. 

En    prensa 
Cantos  populares,  en  verso. 


(1)    En  colaboración. 


precio:  SH(J  peseta